19 abril, 2026
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El 1° de mayo de 1831, Simón Rodríguez escribe en Lima una carta al general Juan José Flores, destacado líder militar de la República de Colombia (creada por Bolívar en Angostura el 17 de diciembre de 1819) y luego del Ecuador. Flores, nacido en Puerto Cabello el 19 de julio de 1800, llevó a cabo campañas militares exitosas y fue nombrado gobernador del Distrito del Sur por Simón Bolívar.

Después del triunfo de Sucre en Ayacucho y hasta diciembre de 1830, Santander en la Nueva Granada, Páez en Venezuela y Flores en Ecuador, conspiraron para la desintegración colombiana. Una vez cometido este crimen de lesa geopolítica, los tres fueron presidentes de sus respectivos pedazos.

Rodríguez escribe: “Sólo Bolívar me entendió y me dio facultades; pero quiso que mi obra empezase por el Alto Perú, bajo la protección de Sucre, y llamarme luego a Colombia; nos separamos, se enredaron los negocios, se murió, y con él expiraron mis esperanzas.

Bolívar, cerrando los ojos, cerró el periodo de su gloria, ni él puede resucitar ni su nombre perecer. Las circunstancias en que obró pasaron con él; el que quiera distinguirse como él, ha de trabajar en otra cosa y de otro modo, ha de ser original como él lo fue… Eternizará su nombre, o desaparecerá como una sombra. Reflexione usted, General”.

Más adelante, le dice: “Veo el Gobierno Republicano como una alta pirámide, y al Presidente sobre el vértice; manteniéndose en un pie, con los brazos y la pierna libre aletea, como un telégrafo, para guardar el equilibrio. Ocupado en conservar su posición, no piensa sino en su persona; y en cuanto pestañea, se precipita. ¡Cuidado, General!”.

Incisivo como son las personas probas y leales, Rodríguez insiste: “¿Qué quiere usted hacer, General?… ¿Lo que los demás, y desaparecer a su vez?… ¿O trabajar dignamente y pasar a la posteridad con Bolívar?… Si lo primero, siga usted de Presidente, mientras tenga fuerzas para bregar contra su propio peso. Si lo segundo, haga usted lo que Bolívar no tuvo tiempo de hacer…: eche usted la balsa en la que ha de reposar la libertad… haga usted pueblo”.

Rodríguez clava un puñal en la conciencia de Flores: “Entre los hombres que figuran hoy en América, solo usted promete; solo usted parece querer reemplazar a Bolívar. Si es así, solo usted podrá consolar a los muchos que lloran su pérdida”.

En la postdata, Rodríguez dice: “Para que usted se entretenga, Señor General, le envío tres libros que he publicado en Arequipa” y “un programa para la suscripción a mi obra sobre las Sociedades Americanas: espero que usted sea uno de los suscriptores, y que convide a sus amigos a suscribirse”.

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