La campana de dolores – Últimas Noticias
El 16 de septiembre de 1810 el cura Miguel Hidalgo y Costilla tañó a toque de arrebato una de las campanas de la parroquia del pueblo de Dolores (Guanajuato), en el acto conocido como el Grito de Dolores. Este toque convocó a los feligreses a levantarse en armas contra España, marcando el inicio formal de la Guerra de Independencia de México. Con el tiempo, este hito se consolidó como la fecha suprema del calendario cívico mexicano.
A finales del siglo XIX, la campana original fue trasladada al Palacio Nacional de Ciudad de México, desde donde el presidente de la República encabeza la ceremonia cada 15 de septiembre.
La avenida México es el tramo vial que conecta la plaza de los Museos de Los Caobos con Parque Carabobo, esquina de Pele el Ojo (avenida Sur 15). En 1945, el gobierno mexicano obsequió la escultura del generalísimo José María Morelos y Pavón (sacerdote y militar, artífice de la segunda etapa de la Independencia mexicana, conocido como el Siervo de la Nación). Esta efigie es una réplica del “Morelotes” de Cuernavaca, de casi siete metros de altura, realizada por el escultor Juan Fernando Olaguíbel Rosenzweig. Es así que el emplazamiento de esta escultura en la plazoleta Mohedano cercana al Museo de Bellas Artes llevó a que el espacio pasara a conocerse como plaza Morelos y a que la avenida que la conecta con Parque Carabobo, la municipalidad caraqueña honró denominarla avenida México, como se refleja en el plano de Caracas (1946) publicado por el Ministerio de Obras Públicas.
Una réplica de la campana de dolores (conocida también el esquilón San José) donada por el gobierno de México a mediados de los años sesenta forma parte del patrimonio cultural de la ciudad, encontrándose en la propia avenida, en la que se incorporaron durante los ochenta las figuras pedestres de dos presidentes mexicanos: la de Benito Juárez (obra de Olaguíbel) y la del general Lázaro Cárdenas del Río.
Hoy, que persisten otras amenazas a la soberanía de nuestros pueblos latinoamericanos, se hace imperativo reivindicar la memoria histórica como acto de digna resistencia. Dos polos significativos que unen las hazañas de liberación política de dominio imperial, un emplazamiento plástico en honor al Padre de la Patria mexicano completaría el justo homenaje al pueblo azteca en Caracas: del Grito de Dolores a Carabobo.
