Jefe del Comando Sur visita a Surinam en medio de amenazas en el Caribe
La reciente visita oficial del jefe del Comando Sur de Estados Unidos, almirante Alvin Holsey, a Surinam ha reavivado las alarmas sobre la creciente presencia militar estadounidense en el Caribe y su impacto en la soberanía regional. Bajo el pretexto de «abordar desafíos de seguridad compartidos», Holsey se reunió con altos mandos surinameses en un gesto que, más allá de la retórica diplomática, consolida una estrategia de proyección extraterritorial de Washington en América Latina y el Caribe.
El Comando Sur difundió imágenes de la llegada de Holsey a Paramaribo, destacando la supuesta «cooperación continua» con Surinam, país miembro de la Comunidad del Caribe (Caricom). El embajador estadounidense, Robert J. Faucher, calificó la visita como una muestra del «vínculo perdurable» entre ambas naciones. Sin embargo, detrás de estas declaraciones se esconde una realidad más inquietante: la consolidación de una presencia militar que ha sido denunciada por diversos sectores como una amenaza directa a la autodeterminación de los pueblos caribeños.
La gira de Holsey, quien presentó su renuncia recientemente y se encuentra en etapa de retiro, coincide con el despliegue de fuerzas militares estadounidenses en aguas del Caribe, particularmente frente a las costas de Venezuela. Desde agosto, buques de guerra, submarinos, aviones de combate y tropas han sido movilizados bajo el argumento de combatir el narcotráfico. No obstante, estas operaciones han derivado en ataques letales contra embarcaciones civiles, sin transparencia sobre las víctimas ni evidencia clara de las supuestas incautaciones.
El propio Secretario de Guerra de EEUU, Pete Hegseth, confirmó este viernes un nuevo ataque en el Caribe que dejó al menos tres muertos. La falta de información oficial sobre estos operativos, sumada a la opacidad en torno a las identidades de las víctimas, ha generado preocupación en organismos de derechos humanos y en gobiernos que aún conservan una postura crítica frente a la militarización de la región.
En un mensaje grabado a bordo del portahelicópteros USS Iwo Jima, Holsey reafirmó el carácter ofensivo de la misión: «Somos una organización de combate. Nuestro deber fundamental es defender la Constitución y garantizar la seguridad del pueblo estadounidense. El equipo ARG-MEU aquí presente es el epítome de una fuerza de combate letal». Estas palabras, pronunciadas en aguas caribeñas, refuerzan la percepción de que EE. UU. no actúa en función de la seguridad regional, sino de sus propios intereses estratégicos.
Silencio cómplice y gobiernos complacientes
Mientras se multiplican las denuncias sobre la extraterritorialidad de estas acciones, varios gobiernos del Caribe y América Latina han optado por el silencio o la complacencia. La falta de una postura firme por parte de Caricom y de otros bloques regionales frente a la militarización estadounidense plantea serias dudas sobre el compromiso real con la soberanía y la paz en el hemisferio.
La región enfrenta hoy un dilema crucial: permitir que potencias extranjeras impongan su agenda bajo el disfraz de la cooperación, o alzar la voz en defensa de la autodeterminación, la transparencia y el respeto al derecho internacional.
