22 abril, 2026
De San Remo a Caracas

Vuelvo a tocar el tema de la inteligencia artificial (IA) a propósito de un evento que se realizó la semana pasada en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela (ECS-UCV) y en el cual, para la calma de muchos docentes y de alguno que otro estudiante, se convirtió en una buena oportunidad para advertir los verdaderos retos al que nos enfrentamos en el ámbito académico con la irrupción de las nuevas herramientas de la IA.

Esto se debió a la calidad de los ponentes, entre los cuales descolló el colega columnista de Últimas Noticias, Alvin Lezama, quien alertó sobre los intereses ocultos de enormes empresas trasnacionales, así como de grandes potencias nacionales, “pues la tecnología no es neutra ni apolítica”, y advirtió que esta alianza corporativa-estatal lo que busca es un nuevo orden global de dominación. Además, Lezama resaltó el papel del pensamiento crítico para que los ciudadanos puedan discernir entre los hechos y la propaganda, dado que esta última constituye el uso y fin más importante y estratégico de muchas de las nuevas “bondades” de la IA en el ámbito de la comunicación de masas.

Por ese mismo flanco temático, la profesora Moraima Guanipa también señaló cómo herramientas de generación de imágenes, textos, audios y videos por IA, amenazan no sólo los puestos de trabajo, sino la veracidad y calidad de las informaciones que emplean y reproducen los profesionales del periodismo.

En fin, no se trató de un rechazo infundado sobre el uso de estas nuevas tecnologías en la profesión de la Comunicación Social. Nada que ver. Sino una alerta sobre su indiscriminada utilización sin una pizca de reflexión ética o deontológica.
Modestamente, en el encuentro dimos nuestro aporte desde el concepto del pensamiento de segundo grado o filosofía aplicada. No criticamos la reflexión, también justa, necesaria y urgente, sobre “el hacer”. Quienes celebran sin más la llegada de las nuevas herramientas de la IA, lo hacen a partir de un pensamiento de primer grado, es decir, sin crítica alguna. Pero la universidad y la investigación, sobre todo en el área de las humanidades, debe ponderar las verdaderas causas, los intereses ocultos, así como los efectos y las realidades subyacentes, cuestiones que solo pueden accederse desde un pensamiento crítico, desde una filosofía aplicada.

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