Influencer preso por tener fauna silvestre en cautiverio
En una finca de Puerto Asís, en el departamento colombiano de Putumayo, las autoridades encontraron 30 animales de 17 especies distintas viviendo en condiciones deplorables. Guacamayas, tucanes, loros amazónicos, chigüires, zorros cangrejeros, zarigüeyas, un mono soldado y un pecarí de collar o bàquiro, entre otros, estaban encerrados, con restricciones severas de movilidad, signos evidentes de estrés, mala alimentación y condiciones higiénicas terribles.
El operativo lo realizaron la Fiscalía General de la Nación, la Policía Nacional y Corpoamazonia, luego de investigar la presencia irregular de especies protegidas de la Amazonía colombiana. Jesse Adonai Daza, un creador de contenido que, según las autoridades, los exhibía en redes sociales con mensajes de conservación ambiental mientras presuntamente los tenía sin permisos, ni condiciones adecuadas.
Un juez ordenó enviarlo a prisión preventiva. La Fiscalía le imputó los delitos de aprovechamiento ilícito de recursos naturales renovables agravado y maltrato animal. Él no aceptó los cargos. Su defensa asegura que los animales eran rescatados tras resultar heridos o abandonados, y que estaban bajo cuidado temporal mientras se recuperaban.
Puede ser. Eso lo determinará la justicia.
Pero hay algo que sí queda muy claro: esos animales ya cargaban con el peso enorme de no estar en su hábitat. Ya eso es una condena. El estrés del cautiverio en animales silvestres no es menor, es devastador. Pierden comportamientos naturales, se enferman, dejan de ser lo que son. Algunos de los ejemplares encontrados en esa finca ya habrían perdido capacidades que tardaron toda una vida evolutiva en desarrollar.
¿Qué necesidad hay de sumarle a eso malas condiciones de higiene, alimentación inadecuada y restricciones de movimiento? ¿Para qué? ¿Para un video? ¿Para más seguidores?
Es que eso es lo que más me golpea de este caso: la idea de que un animal silvestre, que ya vive el trauma silencioso del encierro, sea además utilizado como herramienta de contenido. Que su sufrimiento sea el telón de fondo de una narrativa de «amor por la naturaleza». Hay algo profundamente contradictorio en eso.
Los veterinarios del Grupo Especial para la Lucha contra el Maltrato Animal (GELMA) que los atendieron lo confirmaron: estrés, inmovilidad, descuido. No importa si quien los tenía los consideraba rescatados o amados, el resultado físico y emocional en esos cuerpos era el mismo.
Hoy todos los animales están bajo custodia de Corpoamazonia, recibiendo atención veterinaria y procesos de rehabilitación. Los especialistas evaluarán cuáles podrán volver a su hábitat natural y cuáles, lamentablemente, ya no podrán hacerlo por el daño que les dejó el cautiverio.
Ojalá la mayoría pueda volver. Ojalá recuperen algo de lo que perdieron.
Y ojalá este caso sirva para recordarle a quienes interactúan con fauna silvestre, con o sin buenas intenciones, que cualquier manejo de estas especies debe hacerse con autorización oficial, supervisión ambiental y, sobre todo, con una pregunta honesta: ¿esto lo estoy haciendo por ellos o por mí?
Porque un animal silvestre no es un accesorio. Ni siquiera cuando le pones el nombre de rescate.
