19 abril, 2026
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No es lo mismo ser cómico, ser comediante y ser humorista. Un cómico es una persona que divierte y hace reír, o al menos lo intenta; un comediante es un actor que interpreta comedia y un humorista es un artista que presenta, enjuicia y comenta la realidad, resaltando el lado cómico, risueño, ridículo y trágico de las circunstancias.

Que un humorista diga, durante la Gran Depresión de Estados Unidos en 1929: “Yo me he esforzado para llegar de la nada a la pobreza extrema”, implica que estamos ante uno de los mejores humoristas de la historia: Groucho Marx (1890-1977). Que un cineasta filme una escena de unos británicos pobres que llegan a Nueva York en un barco y al ver la estatua de la Libertad queden maravillados e, inmediatamente, los mismos sean amontonados y sujetos con cuerdas, implica un alto nivel de humorismo como sólo Charles Chaplin (1889-1977) sabía hacerlo.

En una oportunidad la policía de Juan Vicente Gómez detuvo a Francisco Pimentel y al interrogarle sobre su profesión, Job Pim respondió: -Preso, -¡Cómo que preso! exclamó el policía, -ustedes no me han dejado ser otra cosa, acotó Job Pim. Esta respuesta es la de un humorista.
Dar varios recitales en el Aula Magna de la UCV (el equivalente a más una quinta Vergara), cuando no estaba allanada militarmente por los gobiernos del puntofijismo que algunos payasos añoran, y decir en 1968 que “la salida de los adecos nos entristece grandemente, porque con ellos se nos cierra nuestra fuente de inspiración más rica. Y en cuanto a la elección del doctor Caldera, tampoco nos alegramos, porque a nosotros no nos gusta alegrarnos del mal ajeno”, y compartir bajo las nubes de Calder con los desheredados, los marginales, los miserables y esas clases medias que tenían un pie en el barro y el otro en el primer peldaño de la escala social, significaban acontecimientos de impresionante magnitud, sólo posible con un humorista de la talla del comunista Aquiles Nazoa (1920-1976).

Para aquellos cómicos que “no son humoristas que hablan de política” sino “activistas políticos que usa el humor como plataforma”, como señala el chileno Roberto Merkén; esos que se fotografían con sayonas y candidatos perdedores de Washington; esos que en sus shows de stand up comedy preguntan ¿Quién se quiere ir?, pero sin cuestionar las medidas coercitivas que Estados Unidos impone unilateralmente al pueblo venezolano: Groucho Marx les tiene una recomendación: “Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente”. Y Aquiles no se queda atrás: “el peor humorista es el que se dedica laboriosamente a labrarse su parcelita de fama como gracioso, una vez comprobada su absoluta incapacidad para caer en gracia”.

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