17 enero, 2026
¿Le creerán a Elon Musk?

Humanismo y bolivarianismo no deben ser doctrinas anticuadas. No se trata de humanismo antropocéntrico de corte moderno en el que la naturaleza es objeto de explotación y estudio utilitario. Es un humanismo de nueva época, ecológico, de buen vivir, en los que los seres humanos somos hijos de la naturaleza y nuestro humanismo no es una actitud de superioridad sino de hermandad.

El bolivarianismo está explícito desde inicios de la Revolución. Su vigencia radica en la unidad latinoamericana como bloque de poder ante los hegemonismos y la necesidad del equilibrio del mundo. Internamente el valor es la suprema felicidad del pueblo, en igualdad, libertad y estabilidad política.

Históricamente, el Estado moderno ha sido el administrador de los intereses de la burguesía, y esta ha sido una clase real y cruelmente revolucionaria, que ha acabado todas las relaciones idílicas del feudalismo por el frío interés y ha convertido a los oficios más nobles en trabajos por jornal, lo dijo Marx.

Es inexorable el destino opresor del Estado. En historia nada lo es, pero el curso de la historia lo sigue fijando la lucha entre oprimidos y opresores. Son fuerzas antagónicas, ninguno está por encima del otro, ninguno es inferior al otro. Ya son muchos los ejemplos en la historia donde el enfrentamiento ha sido destructivo, incluyendo la época de la burguesía hegemónica.

La era de cambios que vivimos no anuncia un cambio de hegemonía, sino una repartición del poder y un nuevo sistema de alianzas entre grandes poderes. Este año haremos reformas en nuestras reglas del juego y enfrentaremos las arremetidas de la potencia del norte. No va a estar fácil. Hay que hacer un esfuerzo máximo por conservar y fortalecer la unidad popular en el marco del humanismo solidario y cultivar el sistema de alianzas internacionales. La productividad nacional para la satisfacción de las necesidades colectivas es imperativa dentro de un sistema de equidad social; el fortalecimiento del Poder Popular es imprescindible.

No hay ninguna posibilidad de que los grandes roces de los bloques de poder y sus consecutivos movimientos sísmicos no nos toquen. En nuestro caso el petróleo puede ser un escudo o un acelerador de intenciones expoliadoras. En cualquiera de los casos la unidad humanista y bolivariana del pueblo es garantía de buen juicio.

Va a hacer falta mucho pragmatismo sustentado en bolivarianismo y el humanismo popular.

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