19 abril, 2026
Falleció Julio Alcázar, maestro de la actuación

Este 2 de agosto se conoció la noticia del fallecimiento del destacado actor Julio Alcázar, a sus 82 años. Personalidades de la televisión y las artes escénicas hicieron pública la noticia en diferentes redes sociales.

La actriz y animadora Amanda Gutiérrez manifestó en una publicación de Instagram: «Querido Julio Alcázar: descansa en paz con la certeza del deber cumplido y de haber dejado un legado».

Mónica Rubio, actriz y periodista venezolana, escribió en la misma plataforma: «Se nos fue nuestro querido Julio Alcázar, un gran actor, maestro y compañero».

Uno de los últimos escritos de Alcázar a sus seguidores data de septiembre de 2024, en su cuenta de Facebook, donde envió un cariñoso saludo a la «gente bella que no olvido (…) Tengo asuntos que atender, relacionados con mi salud, sin que esto sea un drama. Es la edad (risas). Los quiero mucho y los tengo conmigo».

Este primerísimo actor, nacido el 29 de mayo de 1943 en La Coruña, España, y naturalizado venezolano, fue uno de los intérpretes más emblemáticos de la televisión, el teatro y el cine en Venezuela durante las décadas de 1970, 1980 y 1990. Debutó a los 17 años en la Hermandad Gallega de Caracas con «La casa de la Troya» y fundó el Grupo de Teatro Rosalía de Castro, convirtiéndose en un pilar clave de la escena teatral caraqueña.

Actuó magistralmente en telenovelas clásicas como «Carolina» (1976), «Estefanía» (1980), «Pobre diabla» (1991), «Ka Ina» (1995) y «Gata salvaje» (2002). En cine, participó en «Cangrejo» (1982), «Pura mentira» (2008) y «El hijo del presidente» (2018). También pisó por varios años las tablas, con las obras «La corbata», «El visón volador» y «La novicia rebelde», entre otras.

Desde 2009, ofreció su conocimiento en las artes de la actuación, formando nuevas generaciones de actores. Fue reconocido y homenajeado por varias instituciones.

En una entrevista para el programa Memorias del tiempo (2016) de la Biblioteca Nacional de Venezuela, explicó que aconsejaba a sus alumnos que la credibilidad de la interpretación se alcanzaba cuando el actor o actriz lograba sentir lo que debía expresar, ya fuese amor o dolor.

Estaba convencido de la pureza del arte y de su origen, y afirmaba que “hay un solo actor, y ése es el de teatro”.

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