19 abril, 2026
Banca Sombra - Últimas Noticias

Detrás de la amenaza militar a Venezuela se esconden los problemas energéticos de Estados Unidos, los cuales tienen sus orígenes en la proximidad de agotamiento de los yacimientos de petróleo de esquisto.

De acuerdo con analistas especializados basados en datos de la Agencia Internacional de la Energía y de la Administración de Información Energética de EEUU, las cuencas de petróleo de esquisto de Texas y Dakota del Norte podrían tener un horizonte de vida no mayor a diez años, ante el alza de costos y la caída en productividad.

En un contexto donde el costo de extracción aumenta, la inversión privada se reduce y las reservas estratégicas estadounidenses están bajas, se hace evidente la creciente dependencia del petróleo importado, y la disposición de un proveedor confiable del mismo.
En ese escenario, Venezuela con enormes reservas representa una opción irresistible ante los propósitos imperialistas. En este sentido, si EEUU alcanzara conquistar y sojuzgar militarmente a Venezuela o imponer un gobierno sumiso, esas reservas serían, en la praxis, una adhesión de una gigantesca y cercana fuente energética, geográficamente estratégica.
Esto significaría que funcionalmente Venezuela sería un nuevo “estado” de la unión, con la principal fuente de petróleo del mundo, con más petróleo que Texas.

Esta acción representaría una conquista, al estilo clásico del uso desproporcionado del poder militar de una potencia hegemónica para someter un país pequeño, lo que alteraría el equilibrio geopolítico regional y mundial, y dotaría a EEUU de una supremacía energética basada en el petróleo, similar o superior a la de Rusia o Arabia Saudita.

Esta es la razón de fondo del despliegue militar en el Caribe, los ataques a embarcaciones civiles y los riesgos que esas acciones representan para las operaciones de la aviación civil en el espacio aéreo del Caribe, así como al tráfico marítimo comercial y la actividad pesquera.

Esto conforma un teatro bélico que no se corresponde con las prácticas convencionales que se emplean para tratar la “lucha contra el narcotráfico”, ni de promover, defender, restaurar o sostener “la democracia”, sino de dominar mediante el poder militar con el uso de una fuerza de ocupación una región cercana a EEUU y controlar sus riquezas, violentando así los principios de convivencia y convencionalismos establecidos y reconocidos por la comunidad internacional.

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