18 abril, 2026
Derrotamos el fascismo - Últimas Noticias

Interpretar el pasado, los hechos históricos con la mentalidad del siglo 21 puede traernos graves consecuencias y erráticas conclusiones, si no tenemos presente cuando estudiamos una época determinada, sus amplios contextos, entornos, coyunturas, etc. y sus respectivos imaginarios. Por ejemplo nos surge una pregunta: ¿Cómo entender la colonia sin estudiar y entender a los colonizados, a los colonizadores y la “ingeniería social” de la colonización? La pregunta y sus respuestas aplican para América, África, etc.

Antes de la invasión europea con sus “tecnologías” e instituciones de rupturas territoriales, sociales, culturales, cognitivas, de exterminio humano, transformación del habitat, etc., nuestros pueblos ancestrales desde Alaska hasta la Tierra del Fuego eran una sola civilización con más de 15 mil años de existencia con diferentes “calidades de vida” o “niveles de desarrollo”; con cosmovisiones y formas de relacionarse con la naturaleza radicalmente opuestas al invasor europeo.

Estando en España hace unos 20 años, fui testigo de un hecho gracioso y hoy lo juzgo como de “gran profundidad”, le reprocharon a un familiar de “el por qué no se regresaba a Venezuela” y éste le respondió: “vine a buscar el oro que se llevaron y a devolverles sus espejitos”. La ingeniosa respuesta no fue entendida por los españoles y la ironía es que hoy seguimos cambiando oro por cuentas modernas y no lo entendemos.

Lo cierto es que ese “cambio” de oro, de piedras preciosas de nuestros pueblos ancestrales por baratijas, espejitos, cuentas de vidrios, ofrecidas por los invasores europeos fue una de las tres “empresas” jurídicas (Capitulaciones) creadas por la monarquía española especialmente para el “Nuevo Mundo”, conocidas como: a) Empresas de Rescates; b) Empresa de Conquista y c) Empresas de indios y Cabalgadas.

La Empresa de Rescate se montó sobre el desprendimiento y valoración subjetiva- espiritual de la cosmovisión de los aborígenes y la necesidad de un Estado, la codicia, el afán de riqueza del sector privado. Dichas empresas no eran para crear riquezas, su objetivo era irse por los caminos y pueblos a trocar, es decir intercambiar cuentas de vidrios, gorros y capas de colores (sin dinero) por oro y piedras de valor tangible en Europa y Asia.

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