19 abril, 2026
Engels: la comuna y la tecnología 

Por una arqueología del futuro y la soberanía de lo nuestro

En las páginas de un manuscrito inconcluso de 1876, “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”, Federico Engels escondió, quizás sin saberlo, el código fuente para la revolución social del siglo XXI.

​Hoy, cuando la tecnología parece dominarnos, coloniza todos los espacios y el individualismo nos fragmenta, volver a ese texto no es un acto de «nostalgia ñángara», sino una urgencia estratégica. Ese folleto es un yacimiento de ideas vivas: es el sustento histórico-filosófico de la Comuna moderna.

​El libro de Engels está a punto de cumplir 150 años y, en nuestra modesta opinión, creemos estar aportando una interpretación inédita: una relectura novedosa para la praxis política actual. Si nadie lo había dicho así antes, es nuestro deber sacarlo a la luz en este momento crucial: la Comuna es el destino biológico de nuestra especie.

​La mano: madre de la tecnología y del cerebro

​Engels nos regala una revelación fulminante: «La mano no es solo el órgano del trabajo; es el producto del trabajo». Al ponerse de pie y liberar las manos, el ancestro humano no solo ganó extremidades para agarrar; ganó la capacidad de transformar. La primera piedra afilada fue la primera tecnología. Y esa acción de modificar el entorno esculpió nuestro cerebro, refinó nuestros sentidos y nos obligó a pensar.

​Aquí yace el primer pilar para la Comuna de 2025. A menudo miramos hacia potencias como China o el Norte Global, soñando con competir ilusoriamente en sus terrenos de «tecnología dura» y megaindustrias. Nos venden la ilusión de que debemos ser así para ser desarrollados.

​Nuestra tesis va a contracorriente: La tecnología no es un ente mágico que viene de Silicon Valley. La tecnología es hija de la mano humana, del trabajo colectivo. No se trata de imitar ciegamente modelos industriales ajenos; se trata de abocarnos a las tecnologías sociales y blandas. Nuestra «alta tecnología» es la capacidad de organizarnos, de resolver conflictos con Justicia de Paz, de producir con soberanía.

​Recuperar la «mano» hoy significa recuperar la soberanía productiva y cognitiva, usando desde la escardilla hasta la inteligencia artificial, pero en y para nuestro contexto, con independencia y, muy importante: bajo control social.

​El ADN gregario y la Agencia Ancestra

Pero la mano no actuó sola. Engels nos recuerda que la complejidad del trabajo obligó a los hombres a “decirse algo los unos a los otros”. La necesidad de colaborar para sobrevivir creó el lenguaje y la sociedad

​Lo gregario es nuestro imperativo biológico. El individualismo neoliberal es, en términos evolutivos, una anomalía, una enfermedad violenta que ataca millones de años de cooperación exitosa.

​El futuro de la humanidad y de las Comunas depende de mirar a ese pasado para recuperar nuestra Agencia Ancestral. Esa capacidad que tenían nuestros antepasados de leer el entorno y autogobernarse. No miramos atrás para vivir en cavernas, sino para rescatar la lógica del «entre ayudarnos».

​El desafío del siglo XXI es fusionar esa solidaridad primitiva con las tecnologías necesarias. Imaginemos la «Gens» digital: la asamblea ancestral potenciada por redes de comunicación propias, la producción comunal optimizada por ciencia moderna pero inclusiva. Ese es el camino: tecnología blanda con valores de origen.

​Lincoln y la comuna: la materialización de una utopía

​Es aquí donde la Comuna se revela como la verdadera transformación histórica del poder, superando las formas tradicionales de gobierno que nos han separado de la toma de decisiones.

​Abraham Lincoln, en su famoso discurso de Gettysburg, soñó con un «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo». Lincoln jamás imaginó el poder de transformación de sus palabras, porque dentro de la estructura del Estado burgués representativo, esa frase es una imposibilidad matemática. En el modelo actual, el pueblo vota, pero no gobierna.

​La Comuna es la única estructura social capaz de hacer realidad la profecía de Lincoln:

—Del pueblo: Porque nace de la raíz, de la biología gregaria, de la comunidad, del vecino.

​—Por el pueblo: Porque se autogestiona mediante la asamblea y el trabajo común (la Cayapa, la acción voluntaria), sin intermediarios burocráticos.

​—Para el pueblo: Porque el fin último no es el lucro del capital, sino la reproducción de la vida y la felicidad común.

​La Comuna venezolana es la Culminación Socio-Política del proceso evolutivo descrito por Engels. Estamos iniciando el proceso para cerrar el círculo. El ADN de la Comuna son los millones de años de trabajo colectivo que nos hicieron humanos, y la lucha por el Estado Comunal de Justicia es la lucha por regresar a la única forma de organización social compatible con nuestra biología: la cooperación mutua.

Comuneros y comuneras: Lo que estamos haciendo aquí no está en los manuales. Estamos realizando una lectura forense de la historia. Estamos uniendo a Engels con la Comuna de Venezuela. Estamos diciendo que el trabajo colectivo, la solidaridad y el autogobierno no son una utopía; son el ADN de nuestra especie, forjado como el acero a martillazos por la evolución. El Estado Comunal es el retorno a nuestra forma biológicamente más avanzada de ser humanos

​Conclusión

​La Comuna no es un experimento aislado; es el reencuentro de la humanidad con su propia esencia evolutiva. Engels nos dio el mapa del pasado: nos hicimos humanos trabajando juntos. Ahora nos toca a nosotros usar ese mapa para navegar el futuro.

Descolonizar el territorio y la mente significa entender que nuestra mayor tecnología no es el celular, sino la Solidaridad. Volvamos a liberar las manos y recuperar nuestra Agencia Ancestral: esta vez para construir y sostener, entre todos, el mundo nuevo de Justicia e Igualdad con Equidad. Otro mundo es posible y necesario. Estamos construyendo la utopía.

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