El vecino abandonó a su gato en planta baja y ahora es mío
Estaba en mi casa, casi las cinco de la tarde y de la nada escucho como el vecino del balcón de enfrente, gritaba y golpeaba cosas, me asustó la forma en la que lo hizo, pero fue peor cuando escuché los maullidos de un gato.
Entonces entendí que esos gritos eran hacia el gatico, los golpes… el vecino trataba de golpear al gato y no lograba atinarle, hasta que sí… lo golpeó y escuché varios maullidos que me alteraron bastante.
Lo raro fue que yo me quedé sentada como esperando más pistas con el corazón acelerado…y ahí estaba él. En el borde de una cornisa, casi sin poder moverse, en un espacio que si se movía, podía caer… se me partió el corazón.
¿Cómo alguien castiga a un gato de ese modo? Mientras mi mamá buscaba el teléfono del vecino, supongo que alguien le llamaría la atención, porque cuando me asomé ya no lo vi. Lo había metido a la casa otra vez.


No pasó ni una semana, cuando otra vez escuchamos al gato maullar horrible y lo puso entre la reja y la ventana, casi ni podía moverse. El gato maullaba pero como asustado, ahí sí estuvo como dos horas. Ya me estaba afectando.
Entonces se me ocurrió buscar algún camino alterno, para que el gato se pudiera escapar, mientras pensaba en eso, el vecino fue denunciado, lo expusieron en los grupos ¿y qué hizo el señor? Puso al gato en planta baja y fingió demencia diciendo que ese gato no era de él.
Me dio una rabia. Le bajaba comida, lo acariciaba y un día lo subí. Estuvo en casa, tranquilo, pero quería hacer sus necesidades y lo metí en el baño…en mi defensa, confieso que de gatos no sabía nada.
En el baño tenía un helecho, hermoso…era hermoso… creí que lo había destrozado porque era un gato tremendo… pero no, lo usó como baño. El pobre helecho no se recuperó de aquel ataque.
A Gilberto lo bajé (le puse Gilberto por Gilberto Correa, porque se veía como si estuviera con un traje y le faltaba la corbata). No pasó mucho rato, era ya de noche y escucho un maullido. Era constante y no entendía de dónde venía, se escuchaba muy cerca.
Cuando abrí la puerta para ver si ese maullido era de Gilbertico, efectivamente, era él que se había adoptado solo, porque al abrir la puerta, él entró como diciendo ¿por qué tardaste tanto? Mi mamá y yo nos miramos y coincidimos de inmediato. Nunca más saldría de la casa, es nuestro.


Él se encargó de acabar con todas las matas de mi mamá y entendimos que era él o las matas. Nos quedamos con él. Compramos la bandeja con arena y ya entiendo que los gatos necesitan un lugar para hacer sus cositas y que debe cambiarse a diario, ama cuando le cambiamos la arenita.
Ahora comprendo por qué dicen que los gatos son muy aseados. Si no es en su caja, él no hace, es muy estricto con eso. Le gusta que esté limpio. Si por alguna razón no he limpiado su caja, va a inspeccionarla y si está sucia, se retira a esperar que el departamento de limpieza (es decir, yo) haga su trabajo.
Nosotras no adoptamos a Gilberto, él se adoptó solito.
