20 abril, 2026
El pesebre: entre el mito y la historia

Las tradiciones decembrinas son un espejo de la cultura: algunas se vuelven fetiches del consumo, como el Halloween globalizado o el Black Friday importado; otras, en cambio, conservan un aire de misterio y espiritualidad. Entre ellas, el pesebre ocupa un lugar especial.

Frente a la figura comercial de Santa Claus —patrocinada desde hace décadas por la Coca-Cola— el nacimiento sigue siendo un símbolo que conecta la historia con la fe y en el caso venezolano, con los afectos.

Sin embargo, la presión cultural del modelo imperial anglosajón ha introducido nuevos símbolos: pinos nevados, guirnaldas rojas, botas colgantes y luces multicolores que compiten con la sencillez del portal de Belén. Aun así, el pesebre resiste como emblema de identidad y sencillez.

El investigador Rodrigo Rodríguez Abad, de la Magna Fraternitas Universalis, ofrece una lectura cosmobiológica: el pesebre sería reflejo de la transición hacia la Era de Acuario, un ciclo de 2400 años marcado por la búsqueda de verdad, tolerancia y paz. Para él, Belén —del hebreo beth-lehem, “casa del pan”— simboliza la enseñanza profunda que atraviesa la historia: desde Melquisedec ofreciendo pan y vino a Abraham, hasta la última cena de Jesús. Cada elemento del nacimiento encierra un código: los reyes magos representan alquimia y astrología; el toro arrodillado, la constancia; la estrella, quizá la conjunción de Júpiter y Venus que guió a los sabios de Oriente.

El pesebre de Canchancha

En Venezuela, pocas historias ilustran mejor la fuerza de esta tradición que la del pesebre de Canchancha en Maracaibo. Todo comenzó en 1958, cuando Guillermo Cifuentes Montiel, nicaragüense rebelde, y María de la Cruz Gómez, campesina colombiana, migraron con sus hijos a un barrio cercano a los Puertos de Altagracia. Allí levantaron su primer nacimiento, mientras en Maiquetía despegaba el avión que llevaba al dictador Pérez Jiménez al exilio. Desde entonces, cada diciembre la familia convirtió el pesebre en un acto de resistencia cultural y celebración comunitaria.

Su hijo Nicanor Cifuentes, poeta y ecologista, heredó la misión y la transformó en un proyecto colectivo: un pesebre construido con hojas de maíz, semillas, piedras, conchas y telas, que incluso se digitalizó para convertirse en un catálogo por la paz. El hogar maracaibero se volvió epicentro de visitas: miles de personas han recorrido sus figuras que incluyen referencias de cinco continentes, desde la mezquita de Omar hasta las casitas típicas de Maracaibo.

Un clamor palestino

En Palestina, el pesebre se ha convertido en una tradición viva. Artesanos de Cisjordania elaboran figuras con materiales locales como madera de olivo, nácar y cerámica, que no solo representan la escena bíblica, sino también su identidad.
Hoy, ferozmente devastada por el genocidio que aplica sobre su territorio el gobierno israelí, su simbología adquiere un aura de redención: es un mensaje de paz y solidaridad en medio de las dificultades sociales y políticas de la región. La estrella de Belén y el árbol de olivo se entrelazan para señalar la esperanza y la resistencia del pueblo en medio de la agresión constante.

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