19 abril, 2026
El peligro de ser intenso (19)

Entreverado en el espíritu de la Navidad y José el carpintero en carrera por Belén, porque habían ordenado matar niños. Y Jesús venía de las estrellas en el cielo, 33 años después eludiendo a Poncio Pilatos y sus bandidos de entonces. Así andamos hoy, no solo aquí, en otras latitudes mundo donde el pesebre aparece, porque también Herodes en su trono, teme que cualquier postor con un poco de sabiduría en explicar la verdad del mundo, mágico, milagro sorprendente en tanto que lleno de fe, proclama que venido el señor en las alturas, otro mundo mejor y por eso llamado Paraíso, estará esperándonos para buenaventura de los que nunca tuvimos o profesamos bonhomía, y a pesar de vivir en las catacumbas. Caimanes del mismo pozo.

Esas formas de invisibilizados para todos aquellos que no tendríamos que existir según los mercaderes del templo, más que esclavizados o en régimen de servidumbre per se. Allá en Palestina, el hoy Estado sionista de Israel. Los bandidos disfrazados de Mossad, una especie de SS Hitleriana, recrea el Holocausto, solo que ahora el Auschwitz, revelado en el juicio de Nuremberg, por los soviéticos, sorprendió a tirios y troyanos, es a cielo abierto en Gaza. Y con 16.000 niños masacrados. No sé si cantar en esta noche de Navidad los Kinderlieder de los niños muertos de Gustav Mahler, o continuar en Saint Stephen Kirch, con los niños cantores de Viena su Stille Nacht. Una lágrima de arrechera se desliza intensa hasta nuestro corazón en sístole y diástole en el limbo sagrado donde yacemos.

Más tarde o más temprano, representados en el horror de la destrucción del nacimiento global en espíritu guerrerista hoy en el Mare Nostrum del Caribe, en nombre monroísta del destino manifiesto supremacista. Nos apuntan y amenazan mientras con aires de espíritu Caribe y tembores, tamboriles y temboreras cantamos resistencia y resiliencia de mundo en Navidad. Pa’ saná. Y en el respiro y suspiro más profundo, casi en silencio y oculto, subyace el hilo conductor dorado. Invisible. Sí. Invisible. Nosotros vivimos bajo ‘e la matica. Verano con ella y ella verdecita. Se escucha el arrastrar de las alpargatas por la arena de nuestro inmenso mar Caribe. Así o más intenso en el silencio expectante de la noche buena.

Ver fuente