El mayo francés de 1968
La revolución de mayo en París de 1968 fue la más grande insurrección del pensamiento ocurrida en el siglo XX. El escritor Carlos Fuentes -en un excelente ensayo sobre aquel momento- dijo: “es una insurrección, no contra un gobierno determinado, sino contra el futuro determinado por la práctica de la sociedad industrial contemporánea”.
Tengo la certeza de que un mayo de parecidas circunstancias volverá algún día en busca de esas posibilidades que le permitan a cada quien, nuevamente, tomar sus deseos por realidad. Y lo digo sin hesitaciones, pues, aquello fue el momento culminante de una conciencia levantada en posibilidades. Nunca una violencia creadora supo expresarse maravillosamente contra un poder que insistía irracionalmente en reprimirla, pero sucedió aquel mayo francés cuando las puertas y las ventanas se abrieron, todos salieron y las calles se llenaron de gente de manera sorprendente para magnificar la realidad y cuestionar lo que hubo que cuestionar y de poner en duda. Aquella proclama en las paredes de la Sorbona lo decía todo: “la revolución que se inicia pondrá en duda no sólo la sociedad capitalista sino la sociedad industrial. La sociedad enajenada debe desaparecer de la historia. Estamos inventando un mundo nuevo y original. La imaginación ha tomado el poder”.
Se decía, entonces, que un hombre libre no habla de su libertad, la inventa públicamente, íntimamente. Así renació en jóvenes y viejos un ancestral “prohibido prohibir” que hizo estremecer el verbo, la interrogación, y dio fuerzas para soltar las ganas reprimidas de decir cada quien su credo, lo que siente o lo que sea, su verdad o su mentira, pero decirla.
Fue algo maravilloso porque se sintió la palabra con la que se expresaron sin límites y sin censura el estudiante, el obrero, el parroquiano, el profesional, el intelectual, la bandera y hasta el adoquín. De aquel mayo francés han pasado 55 años, pero volverá algún día como cuando nació en Nanterre y penetró en la imaginación de todos, sin fronteras. Hay que haber caminado largo tiempo -decía un poeta- en un París revuelto para comprenderlo. Y también lo predijo una proclama que un mayo volverá en busca de todas las posibilidades.
Por supuesto, nada es difícil, lo difícil es lo que puede hacerse enseguida, lo imposible es lo que toma un poco más de tiempo. Lo dijo Santayana en un muro de París. Y hoy lo repito recordando el mayo francés.
