22 abril, 2026
¿Le creerán a Elon Musk?

Desde hace tiempo Occidente ha empleado el instrumento de las sanciones como estrategia de dominación, control y poder. En estos días hemos visto esa estrategia en su forma más brutal con la guerra arancelaria que el presidente Trump libra contra el resto del mundo, en un riesgoso experimento que ya está dañando a los propios Estados Unidos. Pero antes, esta estrategia era empleada en lo fundamental contra países más bien pequeños o que no eran importantes potencias en el momento de su aplicación; casos emblemáticos son Cuba, Corea del Norte, Irán, Irak y otros más.

Contra Rusia las sanciones comenzaron después del golpe de Estado del Maidan en Kiev en 2014 y se agigantaron estrepitosamente después de la operación militar especial en Ucrania a inicios de 2022, hasta convertir a Rusia en el país más sancionado del mundo. En particular la élite de la Unión Europea, instigada desde Washington, creyó que podían someter fácilmente a Rusia, ya que en su imaginario de soberbia imperial veían a Rusia como “una estación de gasolina con armas nucleares”.

Cuando vieron que los primeros paquetes de sanciones no lograban el objetivo entraron en una espiral de nuevos y nuevos paquetes de sanciones. Con pánico han visto ocurrir en fenómeno inverso al imaginado; mientras más sanciones más se fortalece Rusia y más se debilita la Unión Europea.

Muy tarde se han dado cuenta de que una cosa era sancionar a países pequeños y otra muy distinta sancionar al país más grande del mundo, habitado por un pueblo patriótico de una historia milenaria de resistencia con enorme potencial y dirigido por el estratega geopolítico más importante de esta época, el presidente Putin.

¿Cómo ha resistido Rusia? Sustitución de importaciones rápida y tecnológica, el uso de ingeniería inversa, intensificación de la investigación científica, crecimiento de pequeñas y medianas empresas, desarrollo de emprendimiento innovador, diversificación de mercados y exportaciones, atracción de inversiones extranjeras, y otras. Este éxito está provocando una tendencia cada vez más creciente en la propia Unión Europea favorable a levantar las sanciones. Rusia como el Ave Fénix se ha convertido en el mejor ejemplo de resiliencia en el mundo.

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