El fin de las certidumbres
Tomo el título prestado del célebre libro del Premio Nobel de Química, Ilya Prigogine, quien hace casi tres décadas advirtió que, a partir de los descubrimientos de la mecánica cuántica, es imposible ser deterministas, no sólo en las ciencias exactas o físicas sino también en todos los demás ámbitos del quehacer humano. Para el físico y químico ruso-belga, en un mundo caótico y de acontecimientos no deducibles e inesperados, es absurdo establecer leyes que expliquen la realidad de manera inequívoca y absoluta. Es decir, habitamos en un espacio de posibilidades infinitas, no de certidumbres.
A pesar de los avances científicos que avalan esta postura, hoy en día persiste una racionalidad anclada en un paradigma determinista pétreo, impuesto por la terquedad positivista y sus derivados. El ser humano siga creyendo o, peor aún, insiste en seguir expresando tajantemente afirmaciones categóricas sobre cualquier tema o fenómeno, cuando ingenuamente lo que expone es una de las infinitas e incalculables posibilidades al respecto.
Son muchos las áreas en las que se registra esa racionalidad marcada por un determinismo ingenuo, muchas veces movido por posturas ideológicas, posiciones sociales de privilegio u otros pareceres particulares. En el ámbito académico, por ejemplo, seguimos escuchando a docentes, investigadores o asiduos de la tertulia pública afirmando categóricamente sobre conceptos, corrientes, teorías, metodologías y otros saberes, cuando todo sin excepción es precario, probable, discutible y, por tanto, rebatible.
Otro ámbito es el de comunicación masiva, en el que la veracidad de los hechos narrados, los intereses cruzados, los falsos positivos, la post-verdad y el auge de la realidad simulada, cuyo cénit fue la explosión de los reality shows televisivos y ahora las redes sociales, hacen poco o nada probable asegurar de manera tajante cualquier cosa.
Pero lo que más preocupa, como a Prigogine al escribir su libro en 1997, es el determinismo en el espacio político, en el que muchas personas siguen creyendo y aseverando sobre cualquier tema o hecho, con una autoridad irrefutable, sin asumir una postura crítica sobre lo que afirman. En política no se puede ser espectador neutral y debe asumirse una postura. Eso sí, conscientes de que la certeza no existe. Sobre todo en la ahora llamada Era Trump.
