22 abril, 2026
¿Le creerán a Elon Musk?

Son múltiples y variadas las consecuencias directas de las acciones emprendidas por Donald Trump desde su llegada a la Casa Blanca, el pasado 20 de enero. Analistas, politólogos y medios de comunicación se han concentrado en comentar, alabar o criticar las vertiginosas y para algunos poco efectivas medidas económicas para “hacer de nuevo grande a América”, las duras imposiciones arancelarias a numerosos países para lograr un reacomodo geopolítico planetario favorable a los intereses de EEUU y, por último, la brutal arremetida contra los migrantes latinoamericanos con persecuciones y deportaciones masivas.

Pero siempre resultan más funestos e intolerables los llamados daños colaterales. Es decir, aquellos que suceden en segunda instancia y que son atenuados por la mediática porque estratégicamente nos hacen creer que no fueron estimados a priori o planificados previamente por quienes llevan a cabo las acciones originarias que los provocaron.
En el caso del segundo mandato de Trump, un efecto muy peligroso es la torrencial cascada de violencia supremacista y xenofóbica que se está registrando, la cual no se limita al territorio estadounidense, sino que también se aprecia en numerosos países, cuyos grupos de extrema derecha se ven legitimados y autorizados por el discurso del mandatario republicano.

Cuando en febrero pasado, el Gobierno federal de EEUU anunció la recompensa de mil dólares a quien denunciara a inmigrantes ilegales, se desató una polémica en toda la nación porque dicha decisión normalizaba y, por tanto, autorizaba, una virtual cacería humana en suelo estadounidense, lo cual provocó a su vez una veloz réplica en otros países, no solo de políticas migratorias sino también de violentas acciones de grupos supremacistas contra minorías y sectores racializados.

Lo que está ocurriendo en España, Reino Unido, Alemania, Francia y República Dominicana, entre otras muchas naciones, debe llamar la atención a propios y extraños. Además del genocidio en Gaza, cometido abiertamente por el Gobierno sionista de Israel contra el pueblo palestino, hay que estar muy pendiente de la otra violencia legitimada por EEUU y que se está dirigiendo en todo el planeta contra grupos minoritarios que tienen una condición que los agrupa y unifica, sea cual sea su origen étnico, geográfico y de género: son pobres de la tierra.

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