19 abril, 2026
Derrotamos el fascismo - Últimas Noticias

Con motivo del Día del Profesor Universitario asistí a un conversatorio cuya temática giró en torno a los retos del docente y los compromisos que deben asumir ante tales desafíos. Fue una oportunidad para reflexionar sobre la actual situación planetaria signada por la incertidumbre, cambios violentos y conflictos geopolíticos tan diversos como riesgosos. Ante este complejo panorama es clave el papel de quienes se dedican a la educación.

En primer lugar, estamos ante una radical transformación de las formas conocidas de aprehender la realidad. El desarrollo tecnológico y las redes sociales han generado una nueva cultura mediática distinta a la precedente, en la que los mecanismos públicos de mediación eran lineales y unidireccionales. Ahora, la realidad digital es envolvente, transmediática, interactiva y muy imbricada en la cotidianidad de los individuos. Ante esto, el docente no puede competir sino tomar muy en cuenta dicho esquema emergente y usarlo para su oficio.

En segundo término, también enfrentamos la irrupción de las nuevas herramientas de la inteligencia artificial (IA), la cual, al generar imágenes, textos, audios y videos con la más grande base de datos del mundo y que, además, nosotros hemos alimentado con nuestra información (Big Data), pone en un dilema a los profesores: confrontarlas o enseñar a utilizarlas de manera ética y responsable.

Por último, dos retos más. Los profesionales de la enseñanza enfrentamos un nuevo tipo de estudiantado. Se trata de jóvenes que viven en un mundo digital, inmerso en una realidad que es producto de una mediación cibernética y, por último, con una producción y un consumo de información caracterizados por el uso de la IA, pero además, en gran medida, provenientes de sectores racializados, con paupérrimas condiciones de vida y sobrevivientes de traumas causados por la pandemia del covid-19, crisis económicas y conflictos bélicos que desdibujan un posible futuro para la humanidad.

El último desafío a comentar aquí –porque son muchos– es la nueva institucionalidad educativa. Hablamos de universidades e institutos de investigación que se han dejado doblegar por el mercado y por la naturalización, sin crítica alguna, de las supuestas bondades de las actuales tecnologías digitales. Contexto en el que el docente humanista, crítico y comprometido, lamentablemente, es marginado.

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