22 abril, 2026
Cotorras en Uruguay: ¿Exterminio o control?

 La noticia llegó desde el sur del continente y no pasó por debajo de la mesa entre la comunidad comprometida con el ambiente, los animales, además de muchos veterinarios, rescatistas y amantes de los animales.

El gobierno de Uruguay, bajo presión agrícola, aprobó un plan para «reducir la población» de cotorras. Estas aves silvestres y además autóctonas, ya habían tenido conflictos con el sector agrícola.

La medida, encendió una polémica, pues, los métodos autorizados, son considerados de alto riesgo y poco éticos, esto deja abierta una pregunta incómoda: ¿hasta dónde se puede llegar cuando chocan la economía, el ambiente y el bienestar animal?

Aunque no existe, por ahora, una «matanza generalizada» aun, el plan oficial plantea prácticas que han sido muy cuestionadas por organizaciones ambientalistas y por el propio Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA).

Un problema real, una respuesta polémica

Las cotorras, también conocidas como periquitos, se concentran en zonas frutícolas (zonas agrícolas con amplios cultivos de fruta) de localidades como Canelones, Montevideo, Colonia y San José.

Luego de que los productores aseguran que estas cotorras causan pérdidas importantes en manzanas, viñedos y otros cultivos, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) decidió avanzar con un «plan de emergencia», sin consulta pública, mesa de trabajo.

Entre las acciones autorizadas están: cebos tóxicos colocados en los nidos, trampas adhesivas conocidas como «pega-pega», la eliminación de nidos en líneas eléctricas, todo esto, con el apoyo logístico del Ejército para acceder a nidos ubicados a gran altura.

Para el gobierno, es una respuesta urgente a una solicitud desesperada por los agricultores. Para muchos especialistas, es una solución rápida, claro que sí, pero puede generar muchos más problemas, de los que realmente solucionan. 

El foco en el sufrimiento animal

Uno de los puntos más álgidos y está en debate sobre el tapete, es el uso de rodenticidas anticoagulantes, venenos de acción lenta que provocan hemorragias internas, debilidad extrema y una agonía que puede durar varios días. El INBA (Instituto Nacional de Bienestar Animal) advirtió que el sufrimiento de las aves es severo con estos venenos..

Lo más grave, es que estos venenos, no discriminan de especies, perros, gatos, aves rapaces, cualquier animal puede intoxicarse al mínimo contacto con estos «cebos». Cualquier animal que consuma una cotorra envenenada, puede intoxicarse hasta morir. 

Aunado a esto, la contaminación del suelo o del agua, es inminente, de hecho, el plan reconoce el peligro al que se exponen otras especies y exige enterrar los cuerpos en menos de 48 horas, algo bastante difícil de controlar en la práctica. 

Una historia que ya se repitió

Uruguay ante un deja vu, pues a finales de los años 90 estos controles letales, acabaron en una mortandad de cientos de miles de cotorras… la realidad es que el resultado fue «temporal». La población volvió a crecer.

Varios aspectos, incrementan la adaptación y la vida de estas cotorras en las zonas agrícolas. La forestación con eucaliptos, árboles ideales para que estas aves hagan sus nidos, la abundancia de alimento que ofrecen monocultivos. 

Tensiones dentro del propio Estado

La polémica muestra conflictos institucionales. Ambientalistas denunciaron que el INBA no participó en el proceso de esta medida, considerando que es el organismo encargado del bienestar animal, la tensión se puede cortar con una tijera. 

El impacto que genera la participación del Ejército, refuerza la idea de una política de eliminación más que de manejo ético y responsable del manejo responsable de la fauna silvestre.

¿Había otras opciones?

Sí. Este conflicto con antigüedad, tiene propuestas alternativas para nada letales: cebos anticonceptivos, manejo del hábitat, barreras físicas para proteger cultivos y cambios en las prácticas agrícolas. Son soluciones más lentas y menos «espectaculares», pero son mucho más sostenibles y éticamente defendibles. 

En un mundo donde todos quieren soluciones inmediatas, el gobierno descartó esas opciones, por no ser inmediatas. Considerando que esta no es la primera vez que ocurre algo similar y que no hubo mesas de trabajo previas, ya se sabe, lo que ocurrirá en algunos años, si no se acatan verdaderas soluciones a este problema. 

Al final, no se trata solo de aves. Se trata de cómo elegimos convivir con ellas.

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