18 abril, 2026

César Rengifo: un  dramaturgo decolonial y el comandante Chávez

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César Rengifo, prolífico dramaturgo nuestro escribió obras históricas, obras relacionadas con la marginalidad, farsas y sátiras y obras  habitadas por el tema del petróleo. Una visión decolonial, humanista, se expresó en su teatro. Y dentro de ésta como eje primordial estaba el pueblo  dramatizado en el proceso histórico venezolano: La Conquista, los últimos años de la Colonia, los primeros  de  la  Guerra  de  Independencia.  Rengifo considera en su teatro épico  la historia como un gran soporte de la acción dramática.

            Una militancia de la anticonquista caracterizó al conjunto de su obra, expresada particularmente en el ciclo indiano formado por “Curayú o el vencedor “ y “Apacuana y Cuaricurían” (1947) “Oscéneba” ( 1958).  Las obras de este tríptico reflejan en su desarrollo dramatúrgico la dicotomía entre vencedor y vencido. Esta dicotomía se convierte en un planteamiento original, pues busca desmitificar la versión oficial de la historia eurocéntrica que impone como verdad absoluta la de los vencedores.

   La resistencia a esta visión se expresa en los finales de las obras. El dramaturgo Rengifo dejará siempre espacio a una espiral abierta al infinito cósmico, muy propia de la cosmovisión de los pueblos originarios, de salida futura, esperanzada en los más jóvenes, seguidores de la tradición. Estas obras realizan el desenmascaramiento del “Yo conquisto”, totalizador, que todo lo engulle y niega  la  existencia del Ser en el Otro. De ese Yo  dominador que buscó legitimidad en la idea de raza para ejecutar la dominación.

  En los años previos   a   la  Guerra   de   Independencia   y   primeros  años  de   èsta    se destacan obras  como  Soga  de  niebla   (1954),  su estreno se produce  durante el  Primer  Festival  de  Teatro  Venezolano  bajo  la  dirección  de  Humberto  Orsini,  el argumento    es la  historia  de  un  asesino  condenado  a  muerte  que  sufre una transformación  sorprendentemente  dramática  a objeto  de  salvar  su  vida,   aceptando  el  cargo  de  verdugo  en  una   prisión  política.   Desde el punto de vista histórico se sitúa   entre  los  años  1780  y  1806.  Las características teatrales a destacar son el realismo psicológico y  el elemento simbólico. El personaje en  su proceso  de   descomposición  ética simboliza  a la vez  la  decadencia  del  régimen  colonial   empeñado en no aceptar los  anhelos   de  independencia  de un país  naciente.  

      Manuelote(1950), obra  en  un  acto,  presenta  un  cuadro  de  la  realidad   socio-política   en  el  año  1814  a  través  de  dos  negros  esclavos, Manuelote  y  Petrona,  su  mujer,  cuyo  argumento nos ubica   en la  Guerra  de  Independencia. Los esclavos permanecen  solos  en la casa de los amos, pues los niños y mujeres bajo   sus cuidados han  huido a otros lugares , a esto se suma la incorporación de  los  hombres  en  el  ejército  libertador,  los  dos  esclavos  sufren   carencia y   penuria.  En medio de esta situación, aparece en escena  un  oficial,  primo    de don   Martín,   el amo ausente para    cerciorarse de   si  puede   confiar   a  Manuelote ,  la  vida  de   éste , herido  gravemente  y  perseguido  por  las  fuerzas   de  Boves.  Ante  las garantías  de  lealtad  que  da  el  esclavo,  traen  al  herido  y  le  dejan  para  ir  a  conseguir  transporte  en  que  llevarle  al  puerto.   Al  regresar  Petrona  y  encontrar  al  amo  allí,  inconsciente,  protesta  por  el  peligro  que  corren  ocultándole.   Las  voces  del  pregonero  ratifican   sus  temores  anunciando   castigo   de  muerte   para  los  encubridores  y,  a  la  vez,  ofrecen   una  recompensa  de  cinco  mil  pesos  a  quien  entregue,  vivo  o  muerto,  a  un  cabecilla .     En  Petrona  nace  la  idea  de  entregar  al  herido,  a  lo  que  Manuelote  se  niega  al  principio  para  terminar,  aparentemente,  aceptando.  Don  Martín  despierta  de  su  letargo  a  tiempo  para   escuchar   el   final   de   este   diálogo   y,  al  marcharse   los   esclavos Petrona y  Manuelote, se levanta   del  lecho  intentando  escapar.  Regresa  Manuelote,  solo,  y  don  Martín  le  increpa  duramente.   El  esclavo  le  tranquiliza.  Petrona,  en  efecto,  fue  a  delatarle,  pero  no  pudo  llegar  a  la  comandancia.  Y  le  muestra  el  cuchillo  con  que  lo  ha  impedido.   Don  Martín   se  desmaya.   Regresa  el  oficial  con  dos  hombres  y  ofrece  a  Manuelote  dinero,  que  éste  no  acepta.  Al  quedar  solo,  el  esclavo  recorre  con  una  larga  mirada  de  tristeza   la  estancia.  Suena  una  corneta.   Manuelote  descubre  la  pistola  del  amo  y,  como  movido  por  una  súbita  decisión,  saca  de  un  baúl  un  viejo  sombrero,  recoge  una  cobija  y  un  machete,  y  marcha  hacia  la  puerta.   “Debe  haber  algo  grande  por  lo  cual  mueren  y  se  sacrifican  tantos,”  exclama.   “Me  iré  a  esa  guerra.   Quizá  haya   un   puesto   para  mí  junto  a  esa  gente  que  manda  Bolívar.” 

 La pintura de  los  personajes  y  la de  sus  características psicológicas responde  a  una  lógica   verdadera con    la situación dramática descrita por Rengifo   y  sus  características  socioculturales  lo  que  permite   reconocer    un    final trágico como  creìble y  justificado plenamente. Finalizando  el  análisis  de  las  obras  de  Rengifo   referidas   a  la  Guerra  de  Independencia   mencionamos a  Marta   Rosario   Nava (1964) ,   cantata  en  verso  cuya  acción  tiene  lugar  en  la  ciudad  de  Mérida,  en  los  Andes  venezolanos,  un  día  del  año  1817.   Su  tema  es  el  juicio  de  la  protagonista,  acusada  de  haber  secundado  a  su  hijo  en  la  rebelión  contra  el  régimen  colonial. 

Hugo Chávez y Rengifo

La impronta de Rengifo apareció en diversos momentos de la vida de Hugo Chávez. Por ejemplo el 24 de junio de 2012 durante el acto oficial  presidencial de conmemoración de la Batalla de Carabobo,  la obra de Rengifo “Esa espiga sembrada en Carabobo”,  donde se relata la batalla que selló la independencia de Venezuela. Similares afinidades entre Chávez y el dramaturgo residen en que los dos son militantes del amor. Los dos apuestan al concepto resumido en la frase de José Martí: “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”, los dos  practican una visión del pensamiento en espiral, integrando la  sabiduría del amor,  todas las partes iguales del todo, el ser humano como totalidad: amor a la mujer, amor a la patria, amor a los niños, a los indígenas, a los afrodescendientes, amor a los descamisados. Rengifo creyó en el teatro como expresión de fe en los valores nacionales, Chávez creyó en eso mismo en el ejercicio de la política dirigida a crear una conciencia social definida, Rengifo creyó en el arte para ese mismo fin.

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