23 abril, 2026
¿La lucha de clases un anacronismo?

“Legisladores: Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de la República, en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria, ellas sellarán los decretos que fijan nuestra libertad”. Con estas palabras, Simón Bolívar instaló el Congreso de Angostura, ciudad que pasó a tener el nombre de Ciudad Bolívar por decisión del presidente Carlos Soublette, en 1846.

La instalación se llevó a cabo con 26 de los 30 representantes parlamentarios electos previamente. Ese territorio lo había liberado Manuel Piar en la batalla de San Félix en la mesa de Chirica, el 11 de abril de 1817, quien luego de actos de insubordinación fue sometido a consejo de guerra y condenado a muerte, lo cual se cumplió el 16 de octubre de ese año.

El neogranadino Francisco Zea fue presidente de este congreso, el cual históricamente marcó las futuras victorias que habrían de conducir a la independencia de los países de la Gran Colombia. Para entonces la gesta emancipadora tenía más de nueve años de combates contra el colonialismo español iniciado cuando Colón arribó a Puerto Macuro en 1498, y en los años de lucha tenía al frente al general Pablo Morillo, quien después de llegar a un acuerdo con los patriotas el 27 de noviembre de 1820, en Santa Ana de Trujillo, entregó el mando a Miguel de la Torre y Pando, derrotado por Bolívar en el Campo de Carabobo, el 24 de junio de 1821.

Como está escrito, el 7 de agosto de 1819 los patriotas triunfaron en la batalla de Boyacá, donde Bolívar venció al jefe realista José María Barreiro. A los dos años triunfó en la batalla de Carabobo. Al año siguiente (el 24 de mayo), es Antonio José de Sucre quien triunfa en Pichincha, libera a Quito y esta pasa a ser la capital de Ecuador. Siguen los acontecimientos, y el 24 de julio de 1823 los patriotas triunfan en el Lago de Maracaibo. El 6 de agosto de 1824, Bolívar vence en Junín y finalmente Sucre libera el continente en Ayacucho, el 9 de diciembre.

Por último, debemos señalar que Bolívar también dijo en su discurso: “Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando ha convocado la soberanía nacional para que ejerza su voluntad absoluta”. Y, siguió diciendo con palabras cargadas de conceptos filosóficos, enmarcadas en lo político, revolucionario y educacional, aquello de: “La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor del Congreso. Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades”.

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