20 marzo, 2026
Bello, inocente


La agitada vida de Andrés Bello en Caracas reflejaba de manera contundente la crisis del nexo colonial.

El enfrentamiento vedado o público entre criollos y peninsulares era parte del termómetro de una sociedad en plena convulsión.

Si la situación se caldeaba cuando en mayo de 1808 Napoleón en Bayona les arrebata la corona a los Borbones, sería un año después que, con la llegada de las nuevas autoridades, todo augure un cambio también de amos.

Tanto el capitán general Vicente Emparan como el intendente de Hacienda y Marina Vicente Basadre constituyen una clara señal de que el panorama estaba muy turbio.

Del lapso que va desde la Navidad de 1809 hasta marzo de 1810, las contradicciones sociales, étnicas y políticas se acrecientan con el agregado de una oleada informativa nada halagüeña para el bloque usurpador.

Arrestos, redadas y encarcelamientos eran comunes como expresión del enfrentamiento de dos modelos: uno que pulsaba por seguir con el lastre de la metrópoli y otro que quería destrozar –con el martillo de la razón– los hierros que los atan a la España monárquica.

Es en ese marco que el 1° de abril de 1810 Vicente Emparan develaba una rebelión militar promovida desde la Casa de la Misericordia, que tenía como propósito deponer a las autoridades españolas e instaurar un nuevo gobierno en Caracas.

Desde el cuartel de los Granaderos de Aragua, liderado por los Toro, se pretendía sumar al complot a las milicias de Valencia para derrocar al capitán general y su alto mando. Al final no prosperaba la intentona y eran apresados sus líderes más visibles.

Es en el contexto de este movimiento de talante independentista que contaba con la participación de pardos y mantuanos de la capital, que Andrés Bello pasa injustamente como un delator.

Todo comienza con el hecho de que Ignacio Xavier de Uzelay, conjuez y comisionado de la Real Audiencia, obligó a comparecer al castillo de Puerto Cabello el 26 de octubre de 1812 a un reo llamado Diego Jalón.

Este olvidado oficial de Artillería del rey, quien fuera apresado por Domingo de Monteverde, confesó que Andrés Bello estaba al tanto de lo planificado ese primer día de abril y que él en persona –entiéndase Jalón– le había recomendado al pedagogo que elevara la denuncia a Vicente Emparan.

Y así Vicente Dávila, a la luz de los descubrimientos documentales de hace un siglo, ayuda a despejar la incógnita: “tal fue el hecho que tomaron los historiadores realistas Urquinaona, Torrente y Díaz, y luego repitieron los patriotas para calumniar a don Andrés Bello. Por lo declarado antes se ve que éste no hizo otra cosa que participar, y eso con alguna demora, como empleado de Gobierno de Emparan, lo comunicado por un oficial del cuartel de la Misericordia; pero desconocida esta declaración por los historiadores, puesto que hoy se publica por primera vez, y muerto Jalón en junio de 1814, la noticia la tomaron de Emparan que la supo por la comunicación del oficial de su Secretaría.

Los realistas falseando el concepto, o con el ánimo avieso de calumniar al ilustre caraqueño, o simplemente creyendo era conocedor de la Revolución, puesto que a raíz del 19 de abril tomó parte en ella, le llamaron delator”.

Distintos testimonios como los de Antonio Guzmán, José Martín Barrios y Benito Ochoa, testigos de excepción de los hechos relatados, redundan en la misma idea: no fue Andrés Bello quien acusó ante los colonialistas los planes insurreccionales de los revolucionarios.

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