Azul profundo – Últimas Noticias
No se produjeron grandes disturbios ni concentraciones masivas, no hubo un estallido social, ni un golpe de Estado. Había una presencia policial más acentuada en la ciudad desde días antes del 10 de enero, sobre todo en un perímetro cercano al palacio de Miraflores y la Asamblea Nacional. Más o menos igual que en todas las tomas de posesión del siglo XX.
El 10 de enero, se hizo una concentración opositora bastante exigua, apareció María Corina, hizo un discurso breve y luego se fue. Si la inteligencia del Estado hubiera querido detenerla, era más fácil hacerlo antes de que llegara a la concentración, porque es Maricori, no Angelina Jolie en una de sus películas de espionaje y acción.
Los pódcast e informaciones de redes no hallaban que explicar, inventar o argumentar sobre el supuesto secuestro y liberación de la 99. El relato de la superagente incluyó como dato extraordinario el hecho de que en la supuesta acción de Cipol y Caos se le había extraviado una carterita azul con sus pertenencias. En seguida todos los analistas comenzaron a explicar la significación criptográfica de tal afirmación, supuestas claves para sus agencias de inteligencia y grupos comandos. Los niveles de absurdo rompieron la barrera de la desinformación.
El asunto tiene una explicación realmente intrincada y profunda, pero totalmente alejada de esa trama de ciencia ficción de dispositivos de localización satelital o detonadores remotos.
En el subconsciente de una mujer cualquiera, su conformación psicosocial, es decir el género hace que la cartera femenina sea un dispositivo cultural de extremo valor para ella y para todas las mujeres. Se han realizado estudios de micro a partir de carteras femeninas que lo demuestran. Para una mujer, desde el billetico de un dólar doblado, la estampita de la Santa Eduviges, la pepa de zamuro, la peonía, polvo facial, una foto del amante y un tampax son de una importancia diametral. En un discurso improvisado, luego del trauma de la pérdida de ese artefacto íntimo-cultural, no podía menos que tener esa relevancia que ella y todos nosotros le damos. ¿Usted se imagina que el lápiz labial de Mari sea Valmy? ¿o que se encuentre una toallita embadurnada de alguna excrecencia corporal? De seguro no hay un microchip con el plan desestabilizador, lo que hay en ese importante objeto es personalidad.
