19 abril, 2026
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Acuñado por el matemático, fotógrafo y escritor británico Lewis Carroll en su obra A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871), el “no cumpleaños” es una fecha no coincidente con la del cumpleaños de una persona. Esta novela infantil es la continuación de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (1856) en la que satiriza a la sociedad victoriana. Justo en esa época es cuando se origina la costumbre de decorar abetos en Navidad, tradición que llevó a Inglaterra el príncipe consorte de la reina Victoria de sus tierras alemanas, marcando tendencia en diversos aspectos, un canon social que se expandió a sus antiguos colonos del norte de América.

Con la llegada de las empresas petroleras estadounidenses al país a inicios del siglo pasado, los connacionales trajeron sus costumbres y vicios, momento que irrumpe en los hogares venezolanos el arbolito de Navidad, desplazando al arraigado pesebre. Entonces, las vitrinas de los comercios —y con la edificación de los centros comerciales después— compiten con extravagantes bambalinas, luces y colores, opacando así la esencia de la Natividad; e incluso, una afamada firma norteamericana de gaseosas travistió de rojo al obispo de Mira, san Nicolás de Bari, y el neopaganismo de hoy lo transformó en “espíritu de la Navidad”.

Así pues, los países católicos sucumbieron al delirante capitalismo y el espacio público de las ciudades rivalizan frenéticamente para iluminar sus vías en Navidad, siendo las primeras víctimas los árboles urbanos. En aquellos sitios donde no se encuentran pinos, se atavían profusamente de guindajos y bombillitos cualquier variedad vegetal. Notoria es la alameda de los Campos Elíseos en París. Pero ese sacrificio solo es temporal.

Ahora, muchas alcaldías se han empecinado en adornar con cintas lumínicas troncos y copas de los árboles todo el año, una especie de barroquismo empalagoso, y con ello, alterar la fotosíntesis y quemar sus hojas, además de ahuyentar a las aves que no encuentran reposo. Esta exhibición estrambótica hace perder el sentido de la celebración de determinadas fechas, desdibujando las mismas. Lo realmente necesario es ocuparse del tratamiento fitosanitario, poda, ajustes de alcorques y arborizar con especies apropiadas nuestras calles y avenidas.

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