El líder rosa – Últimas Noticias
El líder rosa tenía antes unas banderas rojas, de esas que simbolizan las luchas del pueblo. Se le destiñeron de repente. La corriente dominante en una sociedad capitalista lleva a los políticos a separarse del pueblo, andar por ahí a contracorriente no es fácil. Mejor doblegarse y tratar de no quedar mal. En sociedades tan desiguales como las latinoamericanas, con grupos económicos y otros “poderes fácticos” tan dependientes que parecen echados de panza ante sus amos imperiales, tratando de parecer “gente del Norte”, la balanza se inclina fácilmente. Y las banderas se destiñen.
“Izquierda cobarde” los llamó nuestro presidente Nicolás Maduro. El nombre de Chávez les asusta y no dudan en deslindarse.
De blanditos que se ponen, si en un momento pudieron llegar a ser expresión política del movimiento popular, se transforman en sus enemigos. De tan poca credibilidad que inspiran, le hacen la cama a la derecha. Conservador y ultra no parecen palabras que se puedan poner juntas, pues, según el diccionario, conservador es aquel que se muestra “favorable a mantener los valores y principios establecidos frente a las innovaciones” y ultra, en cambio, quien “es de ideología política extremista y que normalmente actúa con violencia y radicalidad”. Sin embargo, los ultraconservadores proliferan y se atienen más a la idea del conservadurismo, como el “conjunto de doctrinas y movimientos políticos que favorecen el uso del poder político o la fuerza del Estado para conservar o restaurar tradiciones” y los caracteriza la disposición a hacer lo que sea necesario para restaurar o conservar las tradiciones de dominación. No tienen miramientos ni escrúpulos.
En Perú, Pedro Castillo declaró que no era socialista ni chavista, pero igual lo tumbaron y arremetieron fusil en mano contra los que protestaban; no podían permitir un presidente campesino. En Chile, la derecha termina monopolizando la redacción de la “nueva” constitución. El Partido Republicano se había opuesto a las modificaciones de la constitución de Pinochet, plantea un “capitalismo popular”, disminuir impuestos a los grandes capitales, despedir al menos al 10% de los empleados públicos, eliminar el Ministerio de la Mujer, crear garantías para las fuerzas represivas, perdonar a los acusados de abusos contra los derechos humanos, reducir los derechos de los pueblos indígenas, entre otras perlas.
