Europa y su saqueo cultural del tercer mundo (X)
El saqueo y colonización europeos de África
Ese saqueo tiene la peculiaridad de ser a un tiempo el primero y el último de los que la insaciable y racista Europa llevó a cabo contra países del llamado hasta hace poco Tercer mundo. En artículo anterior dije que África soportó 5 siglos de dominio y colonización europeos. En realidad, me refería más a dominio que a colonización porque ese dominio, iniciado a mitad del siglo XV mediante tráfico de esclavos negros que con complicidad africana se generaba en la costa occidental de África, aunque se fue intensificando en siglos siguientes, sólo se convirtió en abierto colonialismo y ocupación territorial en la segunda mitad del XIX, sobre todo en las últimas décadas de esa centuria de absoluto protagonismo europeo. Y es que Europa empezó a imponerse en África mediante ese criminal tráfico de esclavos, iniciado por los portugueses (que buscaban el camino hacia la India y las Islas de las especias). A ese tráfico se suman en el siglo XVII holandeses e ingleses, desplazando luego estos a aquéllos y quedándose en el siglo XVIII Inglaterra con el casi monopolio de ese tráfico criminal de millones de jóvenes africanos esclavizados convertido en comercio triangular (Europa, África, América) en el que participan en forma abierta reyes, nobles, burgueses y hasta científicos europeos como Newton, Locke y Voltaire y que a fin de cuentas no es para todos ellos sino un poderoso recurso de “progreso”, de la acumulación capitalista originaria de sus países y de la que los africanos son las víctimas.
Aunque en los siglos XVI, XVII y XVIII no escasean en África europeos turistas, viajeros, mercantes, geógrafos, científicos y exploradores que se mueven con libertad definiendo posibles territorios que sus países puedan convertir en protectorados o colonias, lo cierto es que el colonialismo europeo se lanza sobre el África negra solo a partir de 1885, luego de la famosa Conferencia de Berlín en la que Europa decide repartirse el territorio africano entre los países europeos presentes en ella. Y también lo es que hasta entonces, salvo el norte árabe invadido desde 1830 por Francia, el sur que se disputan ingleses y Boers, y parte del centro amenazada por el insaciable apetito colonial del rey belga Leopoldo II y más abajo ocupada desde antes por el colonialismo portugués, el continente africano es en gran medida dueño de sus tierras y en casi todo su libre territorio tiene gobiernos propios, no europeos.
Otro rasgo importante de este colonialismo europeo es que a diferencia de saqueos europeos anteriores como los de Grecia, Egipto, Mesopotamia o China, el de África se asemeja al temprano saqueo español de nuestra América Latina en que además de saquear, su objetivo central es colonizar, apropiarse del territorio, someterlo y moldearlo en función de sus intereses dentro de los correspondientes modelos europeos. Pero estos modelos no son por supuesto los mismos del viejo colonialismo español, pues es obvio que al producirse entre fines del siglo XIX y el curso del siglo XX son por supuesto modernizadores en términos capitalistas e imponen en diversos planos cambios radicales que si bien a la larga resultan positivos, solo benefician a los colonizadores y saqueadores europeos y en parte a una minoría elitesca de africanos sometidos que les sirven, pero que, como ocurre en todo modelo de desarrollo capitalista y más aún si este es colonial, saqueador y racista como el europeo, tienen un enorme y destructivo costo social y humano para la mayoría del pueblo sometido, que pierde su pasado sin obtener a cambio, más allá de migajas, un presente que lo beneficie sacándolo de la pobreza, reforzada ahora de sujeción al extranjero.
Los gobiernos y pueblos africanos se resisten a esa dominación y sus despreciadas protestas iniciales pronto se transforman en vigorosas y masivas rebeliones en defensa de sus tierras, formas de vida y sus derechos. Esa lucha llena los años entre 1885 y 1912. Pero es la Europa colonialista y racista formada por belgas, franceses, ingleses, alemanes e italianos la que impone su brutal conquista de casi todo el territorio africano como producto de su superioridad política y militar en la que destaca el uso de fusiles modernos y sobre todo el de la reciente y poderosa ametralladora Maxim, con los que las bien organizadas tropas europeas ahogan en sangre las protestas y luchas populares africanas. Los africanos muertos son millones y desde 1912, las rebeldías van cesando, y Europa empieza a desarrollar e imponer con éxito su modelo colonial. En la Primera guerra mundial se imponen Inglaterra y Francia, las dos más poderosas potencias coloniales europeas, y su poder sobre el África colonizada se fortalece. Las décadas siguientes son en África las del apogeo del colonialismo; y la nueva lucha africana por la independencia solo empieza a cobrar forma después de 1945, al terminar la Segunda guerra, que debilita el colonialismo europeo. Y la nueva lucha anticolonialista de los pueblos africanos sólo dará exitosos resultados en la década de los 60.
En cuanto al saqueo europeo de África conviene precisar que es esencialmente económico, lo propio de todo modelo colonial saqueador. El colonialismo reestructura a la europea pueblos y ciudades. Construye carreteras y vías férreas, pero no para crear redes internas sino para exportar e importar desde los puertos. Concentra la propiedad de la tierra en pocas manos, organiza la producción agrícola para favorecer la exportación de materias primas a Europa y la importación a África de bienes elaborados por Europa. Y no crea industrias, salvo algunas intermedias que están por supuesto en manos europeas. En fin, es un modelo colonial clásico: Europa es la metrópoli, África la colonia.
El europeo no es aquí saqueo arquitectónico pues en África no hay grandes monumentos pétreos salvo el viejo y abandonado Gran Zimbabwe, que no les interesa. Se respetan las mezquitas, producto de la importante presencia islámica con la que se convive. Ejemplo las de Tombuctú y Djenné en Malí, aquélla, histórica y pequeña, ésta, bella y monumental. El inevitable saqueo cultural se concentra entonces en esculturas y máscaras, campos en los que la creación y diversidad africanas son de calidad excepcional.
Las mejores esculturas son de Ifé, (Dahomey) y de Benin, (Nigeria). Las de Ifé son terracotas que representan cabezas de gobernantes y datan de los siglos XII –XV. Las de Benin son también cabezas de reyes y gobernantes, pero son de bronce y datan de los siglos XII-XVI. Las últimas son de latón trabajado y tienen influencia portuguesa. Las hay también de marfil. Pero además están las máscaras, que se cuentan entre las más variadas y originales del mundo. Destacan las de Gabón, del Congo y del país dogón (Malí), del que también hay esculturas. Gran parte de esas esculturas las robaron los colonizadores europeos y yacen en los usuales museos ladrones: Británico, Louvre, de Berlín y Metropolitano de Nueva York.
Al inicio del siglo XX las máscaras aparecen en París entre anticuarios y museos menores. Pintores como Matisse y Picasso las descubren y Picasso se inspira en ellas para crear en 1906 sus Demoiselles d´Avignon, que marcan el inicio del cubismo. Así las máscaras africanas se hacen parte de la moderna pintura europea y de la historia del arte pictórico universal. Pero hay más porque el genocida y cortador de manos africanas que es el rey belga Leopoldo II, entonces amo personal del Congo belga, es paradójicamente el creador en Tervuren, cerca de Bruselas, en 1905-10, de un gran edificio, y en él del primer y mayor museo de arte africano del mundo, que lo era entonces y lo sigue siendo hoy con el nombre de Musée Royale de l´Afrique Centrale.
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