El protector solar ideal – Últimas Noticias
Cada año, el riesgo al que exponemos nuestra piel aumenta. El deseo de broncearnos en el menor tiempo posible hace que no tomemos la protección adecuada, y el capital solar de nuestra piel merme su capacidad de mantenerse inalterable y sana.
La clave para utilizar el protector solar correcto está en tener en cuenta nuestro tipo de piel. Si es muy clara y hay tendencia a sufrir quemaduras solares, se debe optar por una protección muy alta con factor solar 50+. En caso de tener una piel intermedia, es decir, con buena pigmentación y sin sufrir muchas quemaduras, hay que elegir una protección con factor entre 15 y 30, según las necesidades.
El dermatólogo Sánchez Viera explica que ninguna crema ofrece una protección total, aunque hay algunas que reducen mucho la radiación: “Aun así, con un 50 o un 100 puedes llegar a quemarte. Siempre entra una cantidad mínima de sol que va sumando, va sumando y si te pasas de tiempo al final te quemas”, añade. Por eso, en caso de querer cuidar una cicatriz para que no te quede marca, es mejor cubrirla que confiar en la pantalla total.
El factor SPF (15,30,50,50+) que reflejan todos las cremas solares se refiere a la protección contra los rayos ultravioleta B, que fueron los primeros que se supo que podían producir cáncer de piel. “Posteriormente se ha visto que los ultravioleta A también son capaces de producir cáncer de piel, por lo que poco a poco se han ido incorporando filtros contra esos rayos”, explica Sánchez Viera. Así cada vez que compramos una crema no solo debemos fijarnos en el índice SPF, hay que comprobar que proteja de los UVA, aunque en este caso el índice no es tan importante porque “hoy la tecnología no permite ser tan finos como para saber qué porcentaje de rayos ultravioleta A se filtran”.
FECHA DE CADUCIDAD
Igual que los alimentos, las cremas tienen fecha de caducidad. Si no la respetamos y seguimos usándola más tiempo del que marca el anunciante, puede perder propiedades y dejar de ser eficaz. Los protectores solares suelen tener una vida útil de 12 meses, por lo que no es muy recomendable reutilizar la del año anterior.
INFANCIA PROTEGIDA
• No hay que exponer a los pequeños al sol en las horas de más calor, es decir, entre las 11 a. m. y las 3 p. m.
• Deben usar un protector solar con un factor de protección alta y aplicarlo media hora antes de salir de casa. Insista en hombros, rostro, orejas, parte posterior de las rodillas y empeines, las zonas más proclives a quemarse.
• Cada dos horas hay que volver a echarle protección al niño.
• No esté demasiado tiempo al sol con los pequeños y lleva siempre un gorro y unas gafas de sol.
• Nunca les pongas crema a bebés de menos de seis meses, o mejor aún: no los lleves a la playa a esa edad. Su piel es todavía inmadura y las cremas no son adecuadas, ni siquiera los protectores pediátricos, cuya única diferencia respecto a los de los adultos es que tienen menos componentes químicos. A partir de esa edad no debemos escatimar en protección: los riesgos de desarrollar un melanoma en el futuro se multiplican en las personas que han sufrido quemaduras cuando tenían menos de 18 años.
ATENTOS AL RELOJ
Hay que echarse la crema entre 20 minutos y media hora antes de la exposición y renovarla nada más llegar a la playa o piscina. Hacerlo con anterioridad es la forma de garantizarnos que la crema se mezclará correctamente y de forma uniforme con nuestra capa cutánea. Además, en casa podemos echarnos crema sin el traje de baño y así asegurarnos de que ninguna parte del cuerpo queda sin cubrir. “Los trajes de baño tienden a ser muy finos y podemos llegar a quemarnos si nos exponemos durante demasiado tiempo”, añade el dermatólogo Sánchez Viera.
Por mucho que haya seguido las recomendaciones previas, si se puso la crema en casa y la haya renovado al llegar a la playa o piscina, no puede olvidarse de la crema. Hay estudios que señalan que en dos horas casi el 80 % de la capacidad de barrera se ha perdido, explica Sánchez Viera. Las cremas espesas deberíamos renovarlas cada dos horas, pero las que son más livianas y ligeras o las que se presentan en spray deberíamos hacerlo con más frecuencia ya que se evaporan con más rapidez. Esa es la norma general, pero hay algunas excepciones: no es lo mismo tomar el sol en primera línea de playa a 40 grados a hacerlo en un día nublado cuando los termómetros no llegan a 30. Tampoco es igual que toque renovar a las ocho de la tarde que a las seis, mientras que en el primer caso ya no sería necesario en el segundo es imprescindible. A esa hora el sol es más débil y la temperatura es más baja por lo que tendemos a evaporar menos.
EN LA CIUDAD
La mayoría asociamos las cremas solares a los días de vacaciones y las jornadas de playa y piscina. Pero tan importante es usarla al lado del mar como ponérsela cuando sale a dar un paseo por la ciudad. Especialmente cuando ese paseo se produce a una hora de mucho sol y en una zona sin sombras. “Yo le digo a mis pacientes ‘si el paseo va a ser de 10 minutos y eres moreno no hace falta echarse crema, pero si eres muy blanco y esos 10 minutos van a ser al sol o van a prolongarse, es mejor que protejan’”, aclara Sánchez Viera, quien insiste en que no debemos subestimar el sol de ciudad.
NOTA: Utiliza crema solar no solo para ir a la playa o piscina, sino también para la montaña, la ciudad o para ir al parque.
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