¿Por qué Estambul es la ciudad de los gatos?
Cientos de miles de gatos vagan libremente por Estambul, capital de Turquía. No es algo nuevo: durante cientos de años han deambulado en esa zona, pasando a convertirse en una parte esencial de las personas que viven en la ciudad.
No son gatos domésticos, pero tampoco salvajes. Están en un espacio intermedio, único y excepcional, que la directora Ceyda Torun ha querido retratar en su documental: «Kedi (Gatos de Estambul)».
No es un tema escogido al azar para la cineasta. Desde muy joven, su relación con los felinos marcó su vida. «Crecí en Estambul hasta los once años y creo que mi infancia fue mucho menos solitaria de lo que habría sido de no ser por los gatos», explica. Para ella, estos animales construyen la identidad de la ciudad, que no sería la misma sin ellos.
«Cada año que volvía a Estambul la veía cambiar y volverse cada vez menos reconocible, excepto por los gatos. Ellos eran el único elemento constante, convirtiéndose en sinónimos de la ciudad misma y encarnando definitivamente su espíritu. Esta película es, en cierto modo, una carta de amor a esos gatos y a la ciudad».
Pero, ¿por qué hay tantos gatos en las calles de Estambul? Para la mayoría musulmana, estos animales tienen una especie de reputación sagrada, vinculados en múltiples ocasiones a historias sobre el profeta Mahoma.
Al contrario de Europa y EEUU, donde los gatos sin dueño son capturados, el sentido comunal de los vecinos de Estambul permiten que gatos callejeros puedan vivir de sus cuidados, dejándoles mantener su independencia. Es este el aspecto que la directora explica en el documental, pues ofrece un nuevo punto de vista para entender la cultura de la ciudad. Parece incluso un nuevo punto de vista para entender cómo abordamos la vida.
Así la directora Ceyda Torun y el fotógrafo Charlie Wuppermann viajaron hasta Estambul, donde gracias a la colaboración de la gente de la ciudad empezaron a entender la hondura del tema que tenían entre manos.
Junto a investigadores locales, recolectaron historias y buscaron a gente que pareciese conocer ampliamente los gatos de su barrio; quién es el alfa, quién es el padre de quién, cuál de los gatos roba al pescadero, cuál suele colarse en las casas de los vecinos. Las historias que fueron oyendo les hicieron entusiasmarse más sobre el rodaje de esta película y el proceso de documentación de estos animales únicos en acción.
«Al final me di cuenta de que mis historias personales sobre los gatos de Estambul no eran exclusivamente mías», afirma Torun. «Todo el que se ha permitido establecer una relación significativa con estas criaturas ha llegado a sentir la vida y su papel en ella de forma diferente. Con perspectiva, el alcance de este cambio profundo varía para cada persona, pero una cosa se mantiene: el cambio fue generado a raíz de haber tenido la oportunidad de coexistir con un animal con encanto, intelecto y autosuficiencia».
Las cámaras-gato
Con el firme objetivo de acercarse todo lo posible a los gatos, los cineastas diseñaron y experimentaron con varias «cámaras-gato». Siguieron a los animales hasta callejones oscuros y sótanos desiertos, hicieron volar drones por encima de los tejados, y los persiguieron sigilosamente para capturar recursos visuales cinematográficos como planos over-shoulder de los gatos caminando por las calles. Trabajaron con dedicación, volviendo a grabar a los mismos gatos un día tras otro, lo que permitió capturar su carácter único y su interacción con las comunidades.
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