6 agosto, 2026
Soberanía afectiva - Últimas Noticias

La mediática internacional, los políticos opositores y un batallón de infames influencers intentaron manipular la realidad tras el doble terremoto del 24 de junio de 2026.

​Vendieron como supuesta “incapacidad del Gobierno” la movilización masiva de miles de personas hacia La Guaira, pretendiendo juzgar la profunda solidaridad caribeña desde el individualismo.

​Omitieron el ser de nuestro pueblo: esa dignidad colectiva y amor orgánico, amor del bueno que moviliza la fibra comunitaria y la memoria afectiva, fortalecida en estos 27 años de proceso bolivariano.

El balance oficial supera los 6.000 fallecidos, junto a miles de heridos y viviendas colapsadas. Sin embargo, las cifras no capturan una de las dimensiones del impacto: los cruces invisibles de consanguinidad y afecto.

En nuestra identidad antropológica y mestiza, el compadrazgo, los tíos y los vecinos funcionan como redes reales de seguridad social. Las ondas destructivas de los dos sismos alcanzaron a múltiples generaciones dentro de una misma comunidad.

​En otros lugares, la pérdida de esos apoyos deja al individuo en la intemperie. En Venezuela, la protección constitucional y la acción del Gobierno Nacional se activaron desde el primer minuto para acompañar al pueblo. Pero junto al Estado, se desplegó una fuerza humana protagónica e identitaria.

​A este fenómeno lo hemos denominado “conmoción emocional expansiva”. Ocurre porque el dolor y la solidaridad no tienen fronteras; son un fluido que recorre cada rincón de la red humana. En nuestro país, cualquiera tiene un familiar, un compadre o la prima del barbero, que sufrió pérdidas en La Guaira. El sufrimiento trasciende la familia nuclear y se instala en la piel de toda la nación.

La conmoción deja en el dolor su huella de violencia física y mental, mientras que su carácter expansivo muestra cómo el trauma se propaga y, al mismo tiempo, activa una respuesta protectora.

​Denunciar la infamia es reafirmar nuestra soberanía afectiva: no hay caos, sino la respuesta ancestral de un pueblo mestizo caribeño que convierte la herida en fraternidad y el sufrimiento del vecino como propio.

​Fue esa empatía espontánea la que definió la Conmoción Emocional Expansiva: una red viva, pulsante y reconstructora. Ante las dificultades, la Venezuela heroica y rebelde resiste, renace y demuestra que la solidaridad es nuestra mayor fortaleza.

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