15 julio, 2026
Aprender de la juventud - Últimas Noticias

Los cambios políticos, económicos y tecnológicos hacen que las mentalidades emerjan para sostener el sistema. ¿No cambian? Sí, aunque lentamente, pero sólo en las sociedades premodernas. Poco se ha estudiado estos cambios en la sociedad capitalista, pero es evidente que se producen y asientan con gran rapidez. Estudiar el avance tecnológico y el cambio en los sistemas de valores es urgente para usarlos en la formación de sociedades más equitativas.

La contradicción básica entre burgueses y proletarios tiene un arsenal de pensamiento que lo sostiene, aunque el liberalismo es un pensamiento emancipador y el socialismo es su heredero, históricamente se ha impuesto el control de los medios de existencia social por parte de la burguesía como clase revolucionaria y luego conservadora. Las experiencias socialistas han creado una burocracia privilegiada sustitutiva de la burguesía y la propia burguesía ha creado un ejército de tecnócratas e ideólogos que  se encargan de que la máquina de explotación continúe funcionando. Los Estados centrales e imperiales constituyen la fuerza represiva interna y externa.

La teoría de la colonialidad ha ampliado el espectro de las contradicciones sociales al incluir las desigualdades de raza  y el género, ambas intrínsecamente relacionadas a la  desigualdad de clases. Todo el proceso histórico está relacionado con la disputa por los ámbitos de la existencia social en los que se intersectan las tres categorías de jerarquización. Una masa de población en condiciones de bienestar actúa como freno a un desenlace de la confrontación. La pobreza que experimenta el mundo en gran medida es producto de una mentalidad racista donde predomina el patriarcado, gran parte de la población no es siquiera proletario, es pauper ante festum (pobre antes de la fiesta).

Todo el pensamiento y sistema de valores que sostiene el sistema inhumano de exclusión y explotación se consolidó apenas hace dos siglos. El desarrollo vertiginoso del capitalismo actual abre una rendija a un pensamiento nuevo que lleve al extremo la tradición emancipatoria del liberalismo y su continuidad el socialismo. La posibilidad está en el terreno de la política. Pero tenemos que renovar el pensamiento incluyendo los grandes cambios que se han producido, no sólo tecnológicos, sino en la mentalidad colectiva de una juventud de la que no debemos esperar que piense como nosotros, sino de la que debemos aprender cómo piensa.

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