México choca otra vez con injerencia de EEUU
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha emprendido en las últimas semanas una campaña en contra de la injerencia externa, muy especialmente desde su país vecino, Estados Unidos, incluyendo los procesos comiciales internos que se avecinan, como la renovación de la Cámara de Diputados el próximo año.
En un acto desde el emblemático Monumento a la Revolución el domingo pasado en la capital, ante miles de personas expresó: “México, que se oiga claro y que se oiga fuerte: ¡No acepta injerencias! ¡Somos un país libre, independiente y soberano!”, enfatizó.
En ese momento se refirió a varios hechos recientes, como el del accidente automovilístico en el cual fallecieron dos agentes de la CIA que participaban en un operativo antinarcóticos encubierto en Chihuahua, que no había sido autorizado por las autoridades federales, tal y como legalmente corresponde.
La semana pasada también ordenó la expulsión de dos agentes de la misma central de inteligencia que habían sobrevivido al siniestro.
En su discurso del último día de mayo, la jefa de Estado, en la misma línea de la injerencia externa en los asuntos de su país, expuso la multimillonaria campaña mediática desarrollada por la ultraderecha mexicana y la estadounidense —a la que pertenece su par Donald Trump—, aunque dijo que no creía que estuviera implicado.
“Un hecho de esa magnitud (la ilegal acción encubierta de los agentes de la CIA) no tiene precedentes en la historia de nuestra relación bilateral”, recalcó la presidenta, para agregar: “¿O quizá estamos viendo cómo sectores de la ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones de 2026? ¿O acaso pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país? No son preguntas retóricas. ¡México no es piñata de nadie!”, sentenció.
Más elementos
Sheinbaum también se ha referido desde hace días a acciones sin precedentes como las solicitudes masivas de extradición por parte del Departamento de Justicia de EEUU de funcionarios activos como el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, un alcalde y un senador, así como de otros políticos de alto perfil, todos vinculados a su gobierno.
No dejó de mencionarlo en el acto del domingo: “Es legítimo dudar del verdadero interés en los juicios de extradición para autoridades electas. Porque primero, hay que tenerlo claro: vienen por unos, luego por otros, hasta que las oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector en México. Eso no lo podemos permitir” y subrayó que nunca defenderá la corrupción ni las alianzas con el crimen organizado.
El martes recriminó al embajador de Estados Unidos en su país, Ronald Johnson, después de que este exigiera apartar la discusión política de la lucha contra el narcotráfico:
“Hay que recordar que es importante que el embajador se quede en el tema bilateral y que respete los asuntos internos de nuestro país, porque los asuntos de México le corresponden a las y los mexicanos”, le soltó desde su rueda de prensa.
Le exigió además que se limite a los temas bilaterales y de cooperación, recalcándole que los embajadores mexicanos “no opinan sobre los asuntos políticos de los países” en ninguna parte del mundo, incluyendo Estados Unidos.
“Nuestra Constitución establece claramente la autodeterminación de los pueblos y el respeto, la no intervención”, subrayó la presidenta.
Sin embargo, a lo interno, la mandataria no se ha quedado de brazos cruzados y ha impulsado una serie de iniciativas legales para impedir la interferencia de los factores foráneos en las elecciones venideras. Por esa razón, el Congreso aprobó una reforma constitucional mediante la cual el sistema electoral federal contará con las facultades para anular cualquier proceso comicial si se demuestra la intervención de sectores extranjeros en el financiamiento de los mismos, incluyendo la elección de la Cámara de Diputados en 2027.
Las interferencias de Trump en otras elecciones
Si bien la presidenta Claudia Sheinbaum muy diplomáticamente ha dicho no creer en que su par de EEUU, Donald Trump, esté vinculado a los más recientes actos de injerencismo que ha denunciado, no debemos olvidar los actos precedentes, tomando en cuenta aquel axioma de que en política nada es casual.
El 8 de mayo, en la ceremonia del Día de las Madres en la Casa Blanca, afirmó que en el país azteca los carteles del narcotráfico son los que gobiernan, algo que ya había expresado en rueda de prensa el 18 de febrero del año pasado.
Sus formas de interferir en los asuntos de otros países son conocidas: sabemos lo que hizo en Venezuela el 3 de enero y el inclemente asedio contra Cuba, con su bloqueo.
El martes, en su cuenta en Truth Social, elogió a Flavio Bolsonaro: “¡Un joven inteligente que ama mucho a su país, Brasil!”, refiriéndose al rival del actual presidente del país amazónico, Lula da Silva, en las elecciones de octubre. Así lo ha hecho, secundando con mensajes directos a quienes siguen su línea en Honduras, Chile, Argentina, amenazando con retirar el respaldo económico a esos países si no ganaban. Esta misma semana también expresó su apoyo para la segunda vuelta al candidato de la ultraderecha en Colombia, Abelardo de la Espriella.


Gobernadora de Chihuahua y los agentes de la CIA encubiertos
Mientras la jefa de Estado mexicana, Claudia Sheinbaum, ha mantenido una firme postura en defensa de la soberanía y contraria a la injerencia extranjera, entre ellas la estadounidense, internamente ha habido algunas manifestaciones en sentido contrario.
En abril pasado, dos agentes de la CIA murieron en un accidente de tránsito durante un operativo encubierto no autorizado por el Gobierno nacional contra un narcolaboratorio en sierra Tarahumara, en el estado de Chihuahua, por el cual se vio obligado a renunciar el fiscal estatal, César Jáuregui.
La gobernadora Maru Campos, del opositor Partido Acción Nacional (PAN), fue llamada a declarar como testigo por la Fiscalía General de la República y, si bien negó su responsabilidad, justificó la necesidad de colaborar con agencias estadounidenses para el combate con el narcotráfico.
Esto generó un severo cuestionamiento de la presidenta Sheinbaum, quien recalcó que el operativo era ilegal por haberse realizado sin la autorización de las autoridades federales, inscribiéndose dentro de lo que se consideraba una acción de injerencia.
La mandataria afirmó que el hecho posiblemente representaba una violación a la Ley de Seguridad Nacional y exigió las investigaciones necesarias.


