19 abril, 2026
Juntos no hay asedio que nos venza

Cerramos este 2025 en resistencia. Estamos bajo una de las escaladas más agresivas de la última década: el recrudecimiento del asedio de EEUU contra Venezuela, un síntoma de la desesperación del Norte frente a un mundo que ya no le obedece. Hemos visto con indignación el vil despliegue militar en el Caribe que busca hostigarnos.

Forma parte de la violenta doctrina Monroe, pero en una versión grotesca que el trumpismo ha desempolvado. La propuesta tan clara como aterradora no es más que la colonización económica y militar de América Latina; hablan de tomar nuestros recursos, de controlar nuestras rutas y de imponer gobiernos títeres bajo la premisa de “América primero”. Es la pretensión de retroceder la historia doscientos años; es lo que hemos advertido siempre.

Mientras acá resistimos, lamentablemente Chile dio un giro hacia el pinochetismo. La reciente victoria de la extrema derecha en este país es una señal de alerta para toda la región, porque también es el regreso de un discurso que reivindica el autoritarismo y el neoliberalismo contra la memoria de los pueblos. No olvidemos que la derecha no descansa y que sus planes conservadores siguen estando en marcha.

Pero no todo son sombras. En este cierre de año, quiero recordar la anécdota que cambió el rumbo del siglo XXI en Mar del Plata, Argentina, en noviembre de 2005. Mientras George W Bush intentaba imponer su tratado de “libre comercio”, en el estadio mundialista se alzaba una voz que retumbó: la del comandante Hugo Chávez, con su camisa roja y su pasión desbordada, junto a Néstor Kirchner y Lula da Silva.

Chávez no solo dio un discurso; dio una lección de dignidad. Ese día sentenció: “¡Alca, Alca, al carajo!”. En ese momento, Venezuela y sus aliados no solo vencieron a un tratado comercial, sino que enterraron la prepotencia imperial y abrieron la puerta a la verdadera integración: la Celac, la Unasur y el Alba. Aun cuando falta mucho camino por recorrer, vale la pena reconocer que la única forma de frenar la nueva doctrina Monroe es volviendo a ese espíritu de unidad indomable. Si estamos juntos, no hay asedio que nos venza ni bota que nos pise.

Nos vamos a la pausa navideña con la satisfacción del deber cumplido y la mirada puesta en un 2026 que exigirá más organización, más conciencia y más amor por la patria.

¡Venceremos!

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