18 abril, 2026
“Escribo historias que conflictúan al público”

Si leemos cada una de las obras del libro Teatro del desencanto (2025) de Aníbal Grunn, veremos a personajes comunes y sencillos que, sin embargo, toman decisiones intrincadas en algunas situaciones, que dejan afligido al corazón; y en otras, en la expectativa de un tiempo de bonanza.

Este título de la editorial El perro y la rana, en comunión con la Compañía Nacional de Teatro, contiene cuatro piezas creadas en distintos años: Esas cosas del corazón, Zamora FC, Mi hermanito Gerónimo y Lo tuvimos todo; cada una es una propuesta diferente dentro del género dramático, histórico y cómico.

En algunos momentos incómodos, los protagonistas no dicen nada, solo hay un silencio que manifiesta la esencia de la historia.

Grunn, actor, dramaturgo, director, productor y docente, nacido en el año 1947 en Argentina, y asentado por más de 50 años en Venezuela, expuso que “lo más importante del texto teatral no está en lo que se dice, sino en lo que se calla o sugiere; creo profundamente en el subtexto”.

Reveló que le llamó la atención el título del libro, lo cual afirma esa característica de su dramaturgia. “No había observado eso en mí. En casi todas mis obras siempre hay un poco de desencanto. Y esto forma parte de mi estudio social y cultural. No estoy encantado con lo que veo a diario”.

En Lo tuvimos todo, por ejemplo, cuenta la historia de un amor que se diluyó, contextualizado en un hecho actual. “Sabemos que la situación país no es fácil, pero los que nos quedamos, luchamos todos los días para que eso cambie”, explicó, refiriéndose a la realidad en la que está basada.

Por otro lado, Esas cosas del corazón “es una comedia que habla de una relación de pareja, pero también del poder. Sin embargo, acontece algo inesperado: ante el anuncio de un embarazo, de un hijo, aparece el encanto”.

Lectura

Considera que, lamentablemente, “no hay una cultura muy fuerte de lectura de obras teatrales. Y muy poca gente va al teatro”.

“Ojalá se incentivara la lectura dramática, sería maravilloso. Yo recuerdo que, cuando tenía 13 años, asistía a una biblioteca para estudiar. Uno de esos días veo sobre el mesón un libro forrado en cuero verde, el título decía Yerma de Federico García Lorca. Lo leí y me encantó”, contó.

Relató que al final le pidió otra obra de Lorca a la bibliotecaria, a lo que ella responde: “Estás muy pequeño para leer eso”. Y así fue como comenzó su lectura de textos dramáticos.

Personajes que no se rigen

Hizo un recuento del pasado, recordando que aproximadamente a la edad de 9 años fue cuando comenzó a escribir “obras para títeres. Los muñecos se hacían con cualquier cosa en mi casa. Pero no recuerdo de qué trataban esas historias”.

Recordó que en su país natal hubo una época en la que frecuentaba los café-concert, y una de sus primeras piezas, creada a los 20 años de edad, se titula El agujerito de goma.

Sobre su actitud al momento de escribir, especificó que lo hace “como ciudadano. Pienso en qué me gustaría ver y escuchar como público. Si pensara como actor, al momento de crear, no escribiría”.

Detalló que no puede regir a sus personajes, “de alguna manera, ellos me van dirigiendo con sus diálogos y relaciones”.

Con más de 50 años en el mundo de las artes escénicas, expresó que hoy día se siente “feliz y muy cómodo en el mundo del teatro. En este momento diría que solo me cansa un poquito, sobre todo por mi participación en Profundo de José Ignacio Cabrujas, que ha tenido funciones en el teatro Alberto de Paz y Mateos, porque el nivel de exigencia es muy grande”.

Refiriéndose a los temas que más le convocan en lo personal, afirmó que “le gusta mucho hablar del país, de mi gente; escribo historias que conflictúan al público. Deseo que, cualquiera que sea la obra, ya sea leída en un libro o vista en el teatro, provoque una reflexión”.

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