Desde chiquito – Últimas Noticias
Desde chiquito, mi papá me contó que allá la cosa funciona. Si uno es negro no importa, puede ser como Will Smith en En busca de la felicidad, donde hace de Chris Gardner, que le va mal vendiendo unas aspiradoras y los botan a él y a su hijo de su apartamento, pero no se rinde y termina siendo un exitoso corredor de bolsa. Si uno es feo tampoco importa, fíjate en Samuel L Jackson, que bonito no es, pero ahí lo ves de protagonista, bueno o malo, en un montón de películas futuristas.
Uno se puede encontrar a Jennifer López trabajando en una bomba de gasolina o a Angelina Jolie como policía con un jefe negro (Denzel Washington), buscando al coleccionista de huesos. Si uno es chiquito y venezolano, ahí está Altuve, en la segunda base. Si uno es chino, Jackie Chan. Hay que ser medio loco como Steven Seagal, que después de viejo anda con los chinos, vino a Venezuela y peleó con Maduro, pero jugando.
Suponíamos que la cosa era llegar. Y llegamos. Lo demás esforzarse y trabajar. Trabajamos y pasamos trabajo. Pero al catire no le basta. Ahora resulta que somos delincuentes invadiendo el país. Agentes del Tren de Aragua, que debe ser la banda más grande del mundo, con agentes en todos los países.
Aquí no hubo juicio sino engaño. “Vámonos, pues, de regreso a Venezuela”. Pero aterrizamos en El Salvador. Allá está Bukele, que es igualito al mafioso colombiano que sale en otra película. El “pana” Marco Rubio dice que le sale más barato (mucho más barato) tenernos presos en El Salvador que en los Estados Unidos. El Bukele es peor, porque quiere vender una fama de matón al servicio del jefe, por eso nos tiran al suelo, nos obligan a agacharnos, nos golpean y nos rapan la cabeza. Él dice que los Estados Unidos le pagarán 6 millones por tenernos un año en esa cárcel, que es un campo de concentración para 40.000 presos, en un país pequeño. Tiene cupo, pues. Y su plan es el trabajo forzoso de los presos para ayudarle a pagar su cárcel, sus selfies, su imagen de matón.
El asunto es que para ellos no somos gente y por tanto no tenemos derechos y pueden secuestrarnos como esclavos. El derecho es la fuerza y la farsa. Un juez intentó ponerle freno al abuso y Trump le contestó que era “un lunático radical de izquierda”, que “este juez, como muchos de los jueces corruptos, ¡debería ser destituido!”.
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