Supremacismo mediocre – Últimas Noticias
Cuando Donald Trump elevó su voz en el hemiciclo de la ONU para intentar fulminar a Venezuela, no asistimos a un mero discurso antidiplomático. Fue la puesta en escena de un guion neocolonial, una reafirmación patológica de quien se cree superior, completada con la retórica mediocre del reality show que busca el impacto sin profundidad en sus argumentos.
En su agresiva arenga, el presidente no hablaba a la comunidad internacional como un igual, sino como un patrón que reprende a los inquilinos de su “patio trasero” por pretender tener una vida propia, sin tutelaje, soberana, independiente.
La visión supremacista y abiertamente racista transpiraba en cada argumento. Latinoamérica, una vez más, fue reducida a un espacio que requiere la mano firme del régimen de turno en Washington.
La criminalización de Venezuela no ha sido parte de un análisis con datos precisos, es un espectáculo grotesco, orientado por un cuento hollywoodense, edulcorado con la inventiva de un aprendiz de ficción, cuya credibilidad quedó en deuda, incluso entre quienes están dispuestos a creer el relato.
Trump ha resucitado en diversos escenarios mediáticos el espantapájaros del “Cartel de los Soles”, transformando una acusación interna y nunca probada judicialmente en una organización trasnacional cuya capacidad ha desbordado los superpoderosos servicios de inteligencia gringa.
Lo mismo ha hecho con el Tren de Aragua, elevando una banda criminal doméstica a la categoría de una especie de Isis caribeño, todo esto sin presentar una sola evidencia que la comunidad internacional pudiera tomar en serio.
La estrategia fue clara: ante el vacío de pruebas había que llenar el espacio con el volumen de la acusación. Lo que no se puede demostrar hay que gritarlo, fue su lema. “A todos los narcotraficantes y terroristas que intentan introducir drogas venenosas en Estados Unidos, les advertimos que los eliminaremos”, fue su frase rimbombante buscando posicionarse en los medios estadounidenses que han sido amenazados si no se pliegan a la línea oficial impuesta por él.
En su magistral clase de cinismo al mejor estilo del American First, acusó a un país -Venezuela- mientras apoya el genocidio más atroz en Gaza. No convenció a nadie, pero su amenaza es tan real como su ambición de ser considerado para un premio Nobel de la Paz.
