Sabina Spielrein, la otra cara de Jung y Freud
Hace días me tropecé con una frase del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung que me estremeció. Esto me pasa con frecuencia. Me gustan algunos de sus planteamientos. Sin embargo, mi miraba hacia el pionero de la psicología profunda cambió hace varios años, cuando leí la historia de la psiquiatra y psicoanalista rusa de origen judío, Sabina Speilrein.
Algo similar me pasó con el austriaco Sigmund Freud.
Sabina fue una de las primeras mujeres que ingresó en la Sociedad Psicoanalítica de Viena en 1912, con solo 26 años.
Su principal aporte teórico fue la elaboración del concepto de “pulsión destructiva y sádica” que luego Freud plagió para crear su reconocidísima “pulsión de muerte”.
Claro, los teóricos no hablan de plagio. Ellos, porque la mayoría son hombres, solo dicen que Freud desarrolló su teoría “basándose” en Sabina.
Pero, en realidad, Freud copió y simplificó su tesis y de paso se limita a citarla, en ‘Más allá del principio de placer’, una sola vez.
Además, fue con Sabina que Carl Jung ensayó, por primera vez, de 1904 a 1907 el denominado método psicoanalítico de Freud.
Esto ocurrió cuando Jung atendió una grave crisis emocional Sabina en la clínica de Burghölzi, donde ella permaneció desde el 17 de agosto de 1904 hasta el 1 de junio de 1905.
Sabina sufría crisis depresivas tras una infancia repleta de brutales palizas por parte de su padre, lo cual desató en ella, a la corta edad de cuatro años, un desarrollo sexual precoz y sadomasoquista. Tras cada episodio violento, Sabina tenía la necesidad urgente de tocarse.
En medio de ese cuadro, ambos desarrollan una relación amorosa. Cuando Sabina recibió el alta y abandonó el hospital, comenzó a estudiar medicina en la Universidad de Zurich y continuó siendo paciente ambulatoria (y amante) de Jung.
Por eso, muchos teóricos dicen que “sin Jung, Sabina no habría sido médico”, ya saben: siempre hay que reducir los logros femeninos.
Casi nadie menciona que Sabina también quería estudiar piano, pero Jung se lo prohibió porque eso le recordaba el abuso que sufrió por parte de su profesor de violín en la niñez.
Las cartas de Sabina entorno a Jung no hablan necesariamente de un amor erótico, sino de una profunda admiración, donde lo pasional es menos notorio que el “culto al héroe”.
Y aunque Jung era un hombre casado y había violado totalmente el código deontológico, las críticas de la sociedad recayeron únicamente sobre Sabina:
“Mi amor me acarreó exclusivamente dolor; existieron tan sólo unos instantes en que descansé en tu pecho, en que podía olvidarlo todo”, escribió Sabina en su diario.
De hecho, cuando el asunto llegó a mayores, es decir, a oídos de los padres de Sabina, Jung negó su responsabilidad y la acusó a ella de “traición”.
Según Jung, Sabina inventó aquel falso romance porque él no accedió a tener un hijo con ella. Incluso, él alegó que sus intenciones fueron “puras” pero Sabina era el “diablo”.
Y aunque es cierto que Sabina quería un hijo de Jung y soñaba con llamarlo Sigfrido, fue él quien dio pie a toda esa historia, tal como lo demostraron después decenas de documentos.
Esta relación doctor-paciente, una de las muchas que se dio en el ámbito de la psicología profunda, plantea un debate en torno a la ética profesional, la mala praxis, la iatrogénia, etc.
Pero también abre las puertas a otro tema: la lectura tan balurda que se hace de las mujeres en la historia, en la ciencia.
Sabina, como dice el escritor noruego Karsten Alnæs, fue como una ‘sibila’, ese personaje de de la mitología griega y romana que nos habla de una mujer sabia con espíritu profético, o tal vez eso que en los países nórdicos llaman ‘la volva’, una persona elegida, excepcional, de esas que no son aceptadas en su tiempo.
Hoy los pocos que escriben sobre Sabina Spielrein la catalogan como la amante de Jung, sin mencionar la desigualdad en esa relación ni decir que fue víctima de plagio por parte de Freud o carne de cañón de los nazis, ya que, por pertenecer a una familia judía, la fusilaron junto a sus dos hijas frente a la sinagoga de Rostov, en la antigua Unión Soviética.
Por: Jessica Dos Santos / Instagram: Jessidossantos13
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