18 junio, 2024
Vigas, el maestro del arte de la emoción

Cuando se habla de arte o se habla con un artista, un tema obligado es cuál es su técnica. Para Oswaldo Vigas, uno de los grandes baluartes del arte nacional, “la técnica es una cosa que se consigue, se deja y se cambia también”, dijo en una entrevista en 2013.

Ayer estaría cumpliendo 100 años el artista que creó obras, con muy diversas técnicas, convencido de que “lo que se dice es lo importante. Si no tienes nada que decir, entonces busca una técnica, la expones y vives de eso”.

Vigas, nacido en la ciudad de Valencia, fue descendiente de Arturo Michelena por su lado paterno. De ahí, quizás, venga la vena artística que cultivó desde sus 18 años cuando se mudó a Guacara, donde comenzó a pintar y donde, a penas un año más tarde, sacó a la luz su primer trabajo importante conocido: la ilustración del Libro de Poesía.

Más tarde se trasladó a Mérida. Allí compartió su pasión por el arte con sus estudios de medicina en la Universidad de Los Andes, los cuales culminó en 1949 en la UCV, en Caracas; aunque nunca llegó a ejercer la carrera.

Siempre creaba. En simultáneo a sus estudios, Vigas realizaba obras en las cuales la figura humana era la motivación, vista como lo primigenio. De allí brotó una vasta producción artística que se fundió por su gusto por lo ancestral.

Ese trabajo fue merecedor del primer premio en el Primer Salón de Pintura realizado en el Ateneo de Mérida, el cual marcó el cierre de una década que dejó vislumbrar el talento de este artista naciente y creciente, así como el inicio de nuevas formas de expresarse al descubrir la cerámica precolombina y al adquirir su trazo una agresividad que comenzó a caracterizar su obra.

En 1952, recibió el Premio Arturo Michelena (que le otorgarían luego en 1960 y 1964) y el Premio Nacional de Artes Plásticas. Luego de haberse codeado con Manuel Cabré, Martín Durban, Pedro Ángel González, Rafael Ramón González y Rafael Monasterios, por nombrar algunos, se mudó a París, donde se hizo partícipe del movimiento artístico de la época, al tiempo que cursó estudios de Historia del Arte en La Sorbona.

Su inspiración siempre provino de su sensibilidad por las cosas más sencillas: una buena conversación, escuchar música, leer o cocinar. “Cuando uno es un sentimental como yo lo soy, prefiero no insistir mucho en los recuerdos, pero me da placer también llorar, no solamente reír”.

Aunque en 2005 sufrió un ACV, no dejó de crear. Fue pintor, muralista y escultor. Falleció el 22 de abril de 2014 a los 90 años de edad.

La Gran Bruja

La obra que hizo merecedor a Vigas del Premio Nacional de Artes Plásticas en 1952 fue La Gran Bruja, inspirada en la cultura wayúu, que marcó su identidad y demostró su lenguaje único, que, como generalmente ocurre cuando se rompen esquemas, produjo impacto por ser diferente a las tendencias pictóricas que reinaban en el país.

Cargada de simbología y ancestralidad, están inspiradas en los petroglifos de Vigirima y las estatuillas precolombinas que conoció desde su niñez.



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