3 marzo, 2024

un supuesto fenómeno del cine de terror del año que no da miedo y cae en la provocación barata

un supuesto fenómeno del cine de terror del año que no da miedo y cae en la provocación barata


El fenómeno de ‘Cuando acecha la maldad’ empezó el año pasado con un gran recorrido por festivales que se coronó con su victoria en Sitges 2023. También fue un estreno muy sólido en la plataforma Shudder de EEUU donde hizo que muchos aficionados al género la pusieran sus listas de lo mejor de 2023. Incluso su distribuidora, que la estrena el viernes 19, la vende como «la mejor película de terror del año» en su slogan. Lo cierto es que el director Demián Rugna tiene un mundo específico centrado en el terror muy interesante que había desarrollado ya en la estupenda ‘Aterrados’.

En la antología ‘Satanic Hispanics’ aporta el mejor corto del conjunto, que abre la película y sigue la onda de su anterior trabajo, en particular, su similar capacidad para provocar miedo, utilizando un par de ideas muy deudoras de la literatura weird. Su marca era un terror gráfico, lleno de violencia, pero también al mismo tiempo bastante sugerente en su dimensión espectral. Lamentablemente, este no es el caso de ‘Cuando acecha la maldad’, a pesar de que plantea un escenario mucho más ambicioso.

Rugna apuesta por una situación en la que el mal se extiende por toda una localidad, un punto de partida valiente que deja algunos momentos truculentos memorables, y que está relacionado con su habitual hálito sobrenatural, pero que de alguna manera acaba en los tropos más recorridos del cine de zombies, un híbrido de ambos mundos con el que la película quiere hacer una mitología propia, llena de ideas, reglas, y situaciones que dan para para incluso toda una serie, pero que aquí no se llegan a desarrollar con una solidez digna de su afán.

La idea de los encarnados o “enbichados”, como llaman los protagonistas a los poseídos que asolan el medio rural argentino, es estimulante porque da por hecho que esto ya ha pasado en algún momento de la de la historia y es como una segunda vuelta de algo que los personajes conocen y el espectador no, un ejercicio de economía narrativa que da por supuestos mecanismos que se van introduciendo paulatinamente. Sin embargo, a la hora de la verdad, parece que el protagonista sea el único que ha vivido esta situación y pasa la mayoría del tiempo gritándoselo a todo el mundo.

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La ambición, sin control, no sirve de nada

Eso hasta cierto punto en el que, de pronto, nos vuelcan siete reglas estancas que llegan demasiado tarde, como para que el guion haga algo con ellas. Prácticamente al borde del último acto hay un bloque de exposición que cae de golpe cuando no solo no es ya útil en ese momento de la narración, además de poseer poca veracidad para creernos esa idea de que esto ya había pasado hace tiempo. Así, todo lo que aparece en esa parte ya podría ser cualquier cosa, todo lo que se le ocurriera serviría y funcionaría de la misma manera, un vale todo de última hora que pretende ser ordenado.

Hay que alabar el intento de crear una mitología así de rica en una producción independiente, teniendo el valor de poner las escenas violentas con efectos especiales, grotescos y pesadillescos, una buena cantidad de sangre y premisas que en el cine comercial no acaban funcionando. Se nota que hay poco dinero bien aprovechado en algunos aspectos, pero no tanto en otros a nivel de puesta en escena y dirección. Lo valiente no quita lo pedestre, y ‘Cuando acecha la maldad’ parece un paso atrás con respecto a ‘Aterrados’.

Goat

A veces el director se muestra tosco con la cámara, sin una propuesta visual que vaya a más que de lo que hizo en 2017, pero además, los dos protagonistas están demasiado al límite, con interpretaciones histéricas que eliminan cualquier momento de valle y se hacen incluso molestas por su volumen, a lo que no ayuda un diseño de sonido saturado. Tampoco mejora que su mayor valor acaben siendo los impactos, momentos de explotación que se justifican con algunas normas arbitrarias, perfectas para justificar saltarse el tabú del cine de terror de mostrar niños muertos.

La diferencia entre sorprender y epatar

Cuando John Carpenter o Guillermo del Toro rompieron la norma no escrita en sus ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’ o ‘Mimic’ era inesperado y significaba que en la película podía pasar cualquier cosa. Pero en el caso de ‘Cuando acecha la maldad’ parece que es una fijación, incluso argumentada torpemente por guion, con lo que el tabú se convierte en una provocación fácil, barata e incluso algo pueril. La primera vez sorprende pero no asusta, porque se ve venir, hay una especie de gag con el que además el marketing sigue jugando como si fuera algo gracioso, cuando no debería serlo.

Es en este tipo de detalles de mal gusto donde Rugna muestra una filia por detalles del chico malo de la clase, como que un personaje tenga parálisis mental, y otras decisiones que no añaden, que no estamos realmente necesitando ver en la película. El magnetismo que genera su estupenda escena de la cabra se pierde un poco cuánto sale del ambiente rural y entra en la situación familiar del protagonista, donde la premisa empieza a deslavazarse y a perder interés. Pero quizá el problema no sea ninguno de esos aspectos, sino el hecho de que, como comentamos, sale del terreno mágico y se adentra en el cine apocalíptico de infecciones más rutinario.

Dog

No deja de ser otra película de reglas estilo “no hagas ruido”, “no abras los ojos” como los que estamos viendo en ‘A Ciegas’ o ‘Un lugar tranquilo’, solo que aquí no se puede o se debe hacer hasta siete cosas diferentes y nadie sabe realmente esas reglas. El espíritu de película de contagios acaba sofocando al sobrenatural y por ello deja de dar miedo, y es en su clímax, cuando se supone que debería ser más escalofriante, cuando todo acaba fallando estrepitosamente. Un tercer acto que se pone serio, con EL MAL acechante, está muy mal actuado por niños actores que miran a la cámara, esperan su señal y obviamente no están preparados, lo que saca completamente de la atmósfera que nos ha ido preparando.

Un tramo final cercano al desastre

Además, todo se resuelve apresuradamente para después ubicar un epílogo que “resuelve” aspectos del principio como si fueran un gran misterio, cuando ya no tiene mucha importancia, y confirma, de nuevo, la inclinación por los momentos de explicaciones de un libreto que siempre quiere masticar más de lo que le entra en los márgenes. En concreto, un tramo que parece de otra película diferente, un poco chapucero al final y que cierra una producción caótica e irregular, lo que no tiene que ver con que este tipo de propuestas sean más valorables o no por ser difíciles de sacar adelante.

Aunque, en realidad, quizá no lo son tanto si miramos al cine internacional en películas como ‘Satan’s Slaves: Communion’ de virtuosos como Joko Awar, tan atrevidas y con mejores acabados, y que demuestran que tampoco hay nada tampoco tan especial en un mundo dominado por el streaming. Lo curioso es que de pronto se haya exaltado una película que toma prestados muchos puntos en común con la extraordinaria, y aterradora, The Dark and the Wicked’, y que no lo oculta incluso en el diseño del cartel, y aquella siga sin estrenarse ni siquiera en plataformas en España.

When Evil Lurks

Con sus luces y sombras, ‘Cuando Acecha La Maldad’ tiene una valentía insólita en el terror actual, no tanto por a dónde se atreve a llegar sino por la originalidad de su premisa «in media res», que evoca un escenario con supuestos, aunque no llegue a desarrollarlos con elegancia, y quede lastrada por una dirección tosca y actuaciones frenéticas, siempre al límite, que dejan el conjunto a merced de sus elementos sensacionalistas. Acaso una búsqueda de la complicidad de un fandom algo agotado ya de dramas de autor con coartada de terror, pero, de cualquier manera, un pequeño paso atrás para su autor y la recepción de un género que parece esta acomplejado y tener que legitimarse por cruzar líneas rojas.

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