13 junio, 2024
De San Remo a Caracas

A veces hay quienes quieren quitarle la seriedad a la política entre carnavales electorales y discursos sin fondo, todo para disimular contenidos programáticos que marcan el devenir de una nación.

Si algo tiene de particular el proceso venezolano en estos últimos años es el haber sido agredido sistemáticamente para imponerle un modelo no asociado a los intereses nacionales, sino en función de objetivos foráneos. Más aún cuando nuestro país posee la principal reserva de petróleo del planeta y sea un enclave energético vital para el hemisferio occidental.

Es aquí donde el venidero 28 de julio se definen cosas más allá de la Presidencia de la República: o un proceso político que nos conduzca hacia un abismo del cual estamos saliendo, o regresar a él bajo los auspicios de falsas promesas de desarrollo bajo esquemas caducos.

La Revolución Bolivariana ha demostrado su determinación de reconstruir un modelo de Estado social de bienestar para las venezolanas y los venezolanos bajo un criterio de sustentabilidad, orden, productividad y especialmente dejar de creer que el petróleo todo lo puede.

Ello implica un nuevo momento donde Estado y sociedad se conjugan para procurar construirlo ya que demostrado está que el Estado no puede hacerlo todo, no es eficiente en eso, pero no por eso debe tener rectorías en temas clave que son derechos pero que debemos hacer lo necesario para garantizar en ellos acceso y calidad.

La oposición en todas sus formas presenta una propuesta de barnizado neoliberalismo que lejos de garantizar paz, estabilidad y desarrollo, posiblemente procure todo lo contrario.

Se trata básicamente de posicionar los mismos elementos que hoy son implementados en Argentina y que llevan como premisa esencial el desmonte del Estado en todo sentido, dejando a la libre, al llamado “libre mercado”, las leyes del funcionamiento de la vida en sociedad.

Ese programa ya fracasó en América Latina porque lo que dejó fue una estela de pobreza por donde se paró, tal vez con la única excepción medianamente marcada como la de Chile, aunque las protestas sociales de hace años atrás nos muestran lo contrario, ya que los números macroeconómicos pueden sonar muy bonito, pero en la mesa y la microeconomía no se ven impactados por ello.

Sobre estos elementos, programas y develación de propuestas reales es que debemos enfocar el debate político actual, ya que las oposiciones pretenden vender falsas esperanzas que resultan saltos al vacío, y a esos asuntos debemos darle suficiente avance argumentado dejando a otros el carnaval con contenido político.

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