14 junio, 2024
De San Remo a Caracas

El conjunto de dificultades que ha sorteado la economía venezolana, en las últimas décadas, no tiene precedente en la historia contemporánea del país. La mayoría de los análisis tienden a “explicar” los problemas de la actual coyuntura argumentando que se deben a una mala instrumentación de políticas por parte del Gobierno. Otro extremo, plantea que son efectos de las adversidades que ha sorteado la economía.

Ambos enfoques padecen falencias y no ayudan a la comprensión de escenarios coyunturales. Ninguna política económica está exenta de errores. Diseñar e implementar un programa económico en un contexto de adversidad exige una visión audaz, pues lo que se podría aplicar en condiciones “normales” no garantiza resultados satisfactorios ante la adversidad.

Aterricemos el planteamiento. En condiciones “normales” estabilizar el tipo de cambio exige un stock de divisas (reservas internacionales) lo suficientemente óptimo como para que, el hacedor de la política, mediante los instrumentos monetarios, pueda aplicar ciertas medidas que contribuyan al objetivo planteado.

Ahora, ¿cómo puedes garantizar las reservas internacionales en una economía desconectada del sistema financiero internacional con el agravante de que su principal actividad económica -exploración, perforación, producción, refinación, almacenamiento, transporte, distribución y comercialización de petróleo- está limitada por las medidas coercitivas unilaterales? Amén de los efectos devastadores en la economía y la sociedad.

Un acto criminal que se comete en nombre de una serie de premisas -libertad, democracia, derechos humanos- vaciados de su contenido, reducidas a la semántica para justificar ante una comunidad internacional, inerte, cómplice de tal arbitrariedad, al margen de las leyes internacionales.

Lo peor ha sido superado. No todo es perfecto, aún hay mucho trabajo por delante, especialmente cuando se aspira atender de forma eficiente las desigualdades y el deterioro de la infraestructura productiva agravada con la guerra económica. Es natural tener críticas, diferencias e incluso propuestas para mejorar la economía, pero no la mezquindad de desconocer la estabilidad alcanzada que hoy nos permite respirar aires de paz.

El país atraviesa por cambios estructurales que en condiciones “normales” habrían tomado siglos. El sector privado está 100% avocado en producir de forma eficiente y competitiva para exportar y así obtener recursos que le permitan apalancar la actividad productiva. La planificación de los gastos de la sociedad se distribuye en función del aporte que hace cada sector productivo, acciones que allanan el camino para dejar atrás la dependencia con la renta petrolera.

Ver fuente