20 abril, 2024
Niños entre cartones - Últimas Noticias

En esa callecita que sube hacia el Gran Café, en la zona bulevar de Sabana Grande de Caracas, hay días en que amanecen niños entre cartones junto a otros menores y adultos haraposos, acurrucados en los rincones que forman las paredes de entrada de los edificios allí situados. Verlos te despierta un sentimiento de tristeza y, por supuesto, el dolor que representa la escalofriante escena del padecimiento. No parecen los hijos de la vida deseosa de perpetuarse, como diría el Profeta.

Lo que escribo en esta oportunidad, aparte de constituir un deber positivo de denuncia, es de alerta para que el Gobierno actúe de inmediato con medidas urgentes y seguras en la protección de esos niños abandonados y evitar que el problema se agrave. No olvidemos al presidente Chávez frente a la infancia abandonada; él le buscó solución a esos menores en situación de calle, en especial aquellos cercanos a riesgos jurídicamente desaprobados o pequeña criminalidad, como años atrás los “niños huele pega” de Sabana Grande o los niños pedigüeños que también amanecían cobijados entre cartones. El presidente Chávez ordenó la protección de esos menores porque entendió que la Revolución Bolivariana no puede ser posible si existen niños abandonados. En ese entonces llegó para ellos un tiempo de vida y la voluntad de Chávez de ubicarlos en establecimientos adecuados para su formación integral. Poco a poco se fue resolviendo el problema y se hizo posible el derecho de los niños a tener hogar, a no pasar hambre, a educarse, a jugar y a vivir una nueva vida. Pero hoy, amenaza esa situación de calle.

La moderna doctrina de la protección integral del menor -lo digo nuevamente- contempla el interés superior, la prioridad absoluta y la corresponsabilidad del Estado, la familia y la sociedad en dicha protección; además, aparece el derecho de buen trato a los niños, el cual comprende una crianza y educación no violenta con fundamento en el amor. Lo que vemos en esos niños abandonados, con su hambre, harapientos y en situación de calle, no es otra cosa que los problemas del día a día de la pobreza, de los excluidos; sin embargo, el interés superior por esa protección, que coloca al Estado en posición de garante con respecto al derecho de los niños a ser respetados y protegidos en el amor y en el bienestar, obliga al Gobierno a darle prioridad a la solución de esta problemática. Sin vacilaciones, así será.



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