13 junio, 2024
De San Remo a Caracas

Me preguntan por qué Estados Unidos insiste en seleccionar figuras desconocidas, presentarlas como “líderes de la oposición” y hasta imponerlas a sus acólitos como candidatos presidenciales.

Las respuestas pueden ser obvias, pero requieren de contexto.

Lo más obvio es que una parte de la oposición, la más pitiyanqui, no ha podido forjarse en el terreno de la política. Han permanecido ajenos a esa práctica y carecen, por tanto, de las herramientas mentales y prácticas para actuar en lo político.

Han creído que la política es una vía rápida para hacer dinero y han actuado, sin vergüenza, en las prácticas más corruptas para acumular el máximo en el menor tiempo.

Han transitado esta vía sin sufrir críticas, porque las empresas de noticias, las y los periodistas comprados y los equipos de redes sociales pagados desde Estados Unidos han elogiado todas sus apariciones. Tienen un recorrido que parece exento de errores y, por tanto, vacío de aprendizaje. Han fracasado en todas sus tentativas, pero en su sector nadie les ha otorgado responsabilidad en la derrota.

También es ajeno a la política el foco de dirección de ese sector de la oposición, es decir, Miami, lugar al que Washington delega su accionar hacia América Latina.

En esta ciudad, una de las más corruptas del mundo, operan mafias que obtienen recursos de la Administración gringa para conspirar y desestabilizar. Allí no se piensa en política, se piensa en dólares. Fracasan en política, pero son exitosos en robo. Todos son ya millonarios. Los cubanos, los nicaragüenses y los venezolanos. Más millonarios aún, los gringos que tramitan ese dinero.

En el caso venezolano, esa mafia se conecta con la zona más enferma del abanico político. La valoración de la situación de Venezuela es realizada desde el narcisismo y el clasismo de los rancios apellidos y, por ello, el resultado no puede ser otro que el menosprecio al pueblo venezolano. “Pueblo” es una variable que no conocen y que no figura en sus categorías de
comprensión.

Esta visión está signada por una enfermiza fantasía que asegura que la guerra económica, las políticas de asfixia a la economía venezolana, necesariamente han llevado a la población a preferir “cualquier cosa” antes que al Gobierno Bolivariano.

Desde esta premisa, les resulta lógico colocar “cualquier cosa” como alternativa. Ya antes lo hicieron con el idiota de Juan Guaidó, ahora lo hacen con la mascota del Matacuras.

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