14 junio, 2024

la china ‘Black Dog’, mejor película de Un Certain Regard, es una maravillosa historia de redención con un dúo adorable

la china 'Black Dog', mejor película de Un Certain Regard, es una maravillosa historia de redención con un dúo adorable


El mejor cine chino del Festival de Cannes 2024 no venía, como cabía esperar, del maestro Jia Zhangke, aunque de alguna forma sí tenía su sello. Como una de esas rarezas que en ocasiones ocurren, la sección competitiva de Cannes reservada a cineastas menos conocidos que es Un Certain Regard, acogía esta edición ‘Black Dog‘, una película china desconocida con la implicación de Zhangke y dirigida por un cineasta veterano, con más de 20 títulos a sus espaldas, pero completamente desapercibido en Occidente.

Guan Hu, tan sólo una vez a competición fuera de Asia, en una sección paralela del Festival de Venecia (‘Dou Niu’, 2009), a pesar de sus treinta años de carrera como director, competía, sin mucho ruido, por primera vez en Cannes y no sólo conseguía el gran premio de Un Certain Regard, sino que descubre efectivamente una grandísima película, de mucha más envergadura y consistencia que la mitad de las programadas en Sección Oficial.

‘Black Dog’ es el brillante triunfo del mejor cine chino contemporáneo en Cannes 2024. Un drama que recuerda al cine de Jia Zhangke, que curiosamente participa como actor con un pequeño cameo, y que comparte esa inquietud por el devenir y la evolución del gigante oriental en constante transformación al sol que más calienta. Una muestra incontestable de talento que definitivamente añade un nombre a la lista internacional de los cineastas chinos más relevantes.

La hermosa redención de dos amigos marginados

La de Guan Hu podría considerarse una cara B de ‘Caught by the Tides’, la propuesta de Zhangke en sección oficial. Pero más convincente. Con una premisa más elaborada, aunque reflexionando sobre el mismo tema de fondo, en torno a esa idea de desarrollismo voraz y deshumanizado, alrededor del cambio de paradigma que supuso los Juegos Olímpicos de 2008, ‘Black Dog’ cuenta una historia de humanidad y generosidad con el brutal régimen expansionista como telón de fondo.

Lang (Eddie Peng) vuelve a casa después de una temporada en la cárcel por un crimen del cual no está muy claro haber sido responsable, para descubrir que todo ha cambiado en su ciudad natal, donde el gobierno ha dictaminado el censo de todos los perros domésticos y la captura de los callejeros, para evitar una plaga canina como parte de su proceso de limpieza de la ciudad, en pleno crecimiento ante la perspectiva de los Juegos Olímpicos.

La decisión no es casual, un feroz perro negro anda suelto y ha causado múltiples heridas de consideración con mordiscos salvajes que aseguran transmitir la rabia. Una patrulla civil se encargará de procesar el registro de todos los perros de la región, y además ofrece una recompensa para aquel que capture al temible can. Como vestigio de esa sociedad todavía cercana y de apoyo mutuo, un vecino acoge a Lang en la patrulla y con ello le da un propósito de reinserción a su llegada.

Black Dog
Black Dog

Pequeño papel encarnado por el mismísimo Jia Zhangke, que a su manera ejerce de padrino metafórico de una película que, como a su protagonista, le daría la oportunidad a Guan Hu de ponerse en pie en el panorama internacional. Un pequeño símbolo que no es casual en una película que habla, por encima de todo, de las segundas oportunidades. Un bellísimo relato de redención de un perro y su dueño, y al fin de toda una sociedad, ante la perspectiva del cambio.

Una historia de dos personajes despreciados y expulsados del sistema sin nada que perder y aun así de espíritu generoso. En un acto de confianza ciega, Lang y el perro negro crecen a través de una amistad pura que salvará a ambos, dando pie a una nueva vida. Un magnífico trabajo de Eddie Peng, en silencioso diálogo con ese perrete también fascinante, totalmente físico pero sorprendentemente contenido que resulta absolutamente tierno y llega directo al corazón.

Una película de sensibilidad extrema en un contexto absolutamente árido. Desarrollada sobre las ásperas llanuras del desierto del Gobi, que deja imágenes de profunda belleza, la película explora de forma tremendamente poética esa dicotomía entre la dureza exterior y la nobleza espiritual ante la posibilidad del cambio.

Una película maravillosa de momentos muy potentes y de gran elegancia que permanecen en la memoria y trascienden con el ansia de un nuevo visionado.

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