21 junio, 2024
Gente que no aprende (II)

La breve polémica surgida días atrás sobre la posibilidad de privatizar Pdvsa, opción bastante remota pero siempre en boca de algunos voceros empresariales y de dirigentes políticos de la derecha, se muestra recurrente en cada campaña o precampaña electoral. No solo se repite el tema sino también la superficialidad con la que lo tratan quienes saltan al ruedo a opinar acerca de un asunto de tanta trascendencia para el país.

Por ejemplo, no he leído si esa “Pdvsa” que quisieran vender, parcial o totalmente al mejor postor, produce o no hidrocarburos. Porque si se está hablando de la casa matriz, esa no extrae del subsuelo ni una gota de crudo. ¿La precandidata Machado que hace apenas unos días propuso sacar en oferta la compañía nacional, se referirá a ésta o más bien a las distintas operadoras que esa firma cobija? ¿O será que sencillamente repite lo que le dijo algún asesor de esos que en los medios llaman “expertos petroleros”, eternos viudos de la era en que todo lo relacionado con este negocio debía ser preaprobado en Washington?
Por cierto, vale decir que ni durante los años de mayor ofensiva mediática y publicitaria de la Apertura Petrolera la tesis de la privatización de Pdvsa llegó a ser popular. Recuerdo una cifra de rechazo de 66%, número muy parecido a la que difundió una encuestadora (sin ficha técnica, ni mayores explicaciones) hace poco.

El verdadero debate transciende a la figura de Pdvsa. El objetivo es la tierra, es decir, los recursos naturales. Y la verdad es que es el Ministerio del Petróleo el organismo en el que el Estado debería centrar sus esfuerzos para que este refuerce la defensa de los intereses de la nación en todo lo que respecta al desarrollo del sector.

Pdvsa es una compañía operadora, y aunque su papel como transnacional se ha visto mermado producto del bloqueo imperial, cuando estas limitaciones desaparezcan la empresa retomará ese papel y volverá a ser la intermediaria entre el Estado y sus socios nacionales y foráneos.

En cambio el Ministerio de Petróleo es el representante del dueño del recurso, es decir, de la nación y sea una empresa estatal o privada con la que este interactúe, su deber siempre será defender los intereses del país actuando como un ente fiscalizador y generador de políticas. Y eso pasa por ejemplo, de velar por el pago correcto de todos los impuestos, de la regalía, de hacer efectivo el principio de la conservación del recurso natural y de representarnos en la Opep.

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