20 julio, 2024
De San Remo a Caracas

Según datos disponibles del Banco Central de Venezuela el tipo de cambio nominal registra una variación de 1,59% entre enero y el 12 de junio de 2024. Es decir, el precio para comprar una unidad del dólar estadounidense ha subido ligeramente. De igual forma es oportuno señalar que en el período mencionado el bolívar ha perdido valor –depreciación– con respecto al dólar estadounidense en -1,56%.

Con el objeto de comprender mejor el comportamiento de la variable en cuestión, tenemos que durante el mismo período de 2023 el tipo de cambio registró una variación de 54,06% con una depreciación del -35,38%.

Otra variable importante para analizar la actual coyuntura económica es el Índice Nacional de Precios al Consumidor, el cual registra una inflación acumulada de 7,8% para mayo 2024. Mención especial a la inflación acumulada para enero-mayo 2023 que reportó 96,3%.

El comportamiento de estas variables expresa síntomas de mejoría que se traducen en incentivos que coadyuvan a la estabilización macroeconómica. En razón de ello, organismos internacionales (Banco Mundial, FMI, Cepal, entre otros) pronostican un crecimiento económico para el país superior a 4%.

¿Esto significa que Venezuela se arregló? No, tal afirmación refleja la profunda ignorancia de la compleja situación que la sociedad venezolana ha padecido producto de las ilegales medidas coercitivas unilaterales. ¿Qué ha cambiado? Hemos aprendido como sociedad a adaptarnos para superar las adversidades. Comprender con mayor precisión la coyuntura que ofrece una economía en guerra y adoptar políticas que nos permitan generar condiciones para que la actividad económica –petrolera y no petrolera– en su conjunto crezca.

Aún queda mucho por hacer, no es poca cosa decir que nuestro aparato productivo perdió tres cuartos de su tamaño entre 2013 y 2021, gracias a la política criminal de asedio y agresión sistemática. En economía los problemas no desaparecen por arte de magia ni mucho menos por suerte. A este punto contamos con una política económica coherente que ha dado resultados positivos en la búsqueda de los equilibrios económicos de cara a las necesidades sociales, permitiendo que el venezolano recupere la esperanza en medio del funesto escenario que nos ha tocado asumir, combatiendo la desesperanza que, campante, amenaza con robarnos el futuro.

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