20 junio, 2024
De San Remo a Caracas

Si se llama Leopoldo, María o Javier, poco importa. Lo sustantivo es su sed de “superioridad”. Piensan que nada tienen que demostrar, se creen superiores, más inteligentes, con mayor profundidad y hasta más belleza.

Si su apellido es Milei, López o Machado, da lo mismo. Sufren al no entender por qué no son objeto de adoración, si nacieron para cambiar el mundo. La humanidad les parece un océano de estúpidas y estúpidos que no les permite respirar como su genialidad demanda.

John Kennedy Toole escribió una gran novela sobre esta gente: La conjura de los necios. Cuenta la vida de Ignatius J Reilly, un reaccionario que se asume genio, que vive aislado en casa de su madre, que anhela la Edad Media europea como ideal de moral y vida. Se siente un incomprendido por la humanidad ignorante.

La época de Ignatius era otra, sin redes sociales, no podía confrontar ni divulgar masivamente su desquicio. Escribía en cuadernos, que alguna vez ordenaría, la obra maestra que estaba seguro saldría de sus manos.

El personaje de JK Toole, así como Javier, Leopoldo o María, tienen severas dificultades para considerar sentimientos de otras personas. Piensan que es mediocridad y estorbo para sus propósitos, cuando lo importante es el objetivo narcisista que se han propuesto.

Detrás de su fachada de confianza, se esconde la violenta fragilidad que exhiben cuando no están públicamente expuestos y pueden reaccionar con libre virulencia ante la crítica a sus objetivos y formas.

Para esta gente, sea Machado, Milei o López, “el socialismo es una fábrica de pobreza y quien no acepte esta verdad es un ignorante”, dicen creyendo que han puesto un pie sobre la cabeza de quienes le adversan. Lo dicen en un mundo repleto de pobres que en su mayoría viven en países capitalistas, incluyendo a EEUU. Lo dicen dispuestos a multiplicar esa pobreza.

Su táctica es que pase la frase inicial, contra el socialismo, y que el debate se mida por quién tiene la mayor capacidad de insultar “inteligentemente”.Este marco de trastorno de personalidad narcisista explica una parte de la actual campaña electoral en Venezuela.

María, Javier y Leopoldo quieren aprovechar el sufrimiento que han impuesto, junto a sus ídolos gringos, para dirigir tal carga contra el Gobierno que ha sabido proteger y brindar caminos de desarrollo y esperanza frente a la fuerza de despojo que proponen esos tres apellidos.

Es verdad que nos creen ignorantes.

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