20 abril, 2024
El diestro - Últimas Noticias

Hace dos siglos los bogotanos y caraqueños tenían desavenencias, al igual que civiles y militares se desencontraban.

El Libertador Simón Bolívar se empeñaba por la unión y sus enemigos por republiquitas atomizadas.

En este intrincado panorama existe un fenómeno histórico digno de ser considerado, pese a la poca atención que esta problemática ha tenido entre los especialistas: La cosiata.

La cosiata, más allá de la anécdota de su designación por una obra de teatro valenciana, era un movimiento contra la unión colombiana y, sobre todo, contra el liderazgo del llamado “hombre de las dificultades”.

El desconocimiento al Libertador prendía por parte de las municipalidades de Valencia y Caracas el 30 de abril de 1826. Por supuesto, esta corriente antiunionista tenía factores desencadenantes.

Los ataques de guerrillas promonárquicas, en casa, y el natural miedo a la posible reagrupación francohispana para la recuperación del territorio americano, afuera, ocasionaron que Francisco de Paula Santander estableciera, el 31 de agosto de 1824, un reclutamiento general.

Demandaba el vicepresidente de Colombia al Departamento de Venezuela un contingente de 50.000 efectivos para ser enviados a Bogotá.

Por su parte, el general José Antonio Páez, comandante general del Departamento de Venezuela -entiéndase los territorios de Apure, Barinas, Barquisimeto, Carabobo y Caracas-, retrasaba el cumplimiento del decreto por casi un año, no tanto por el horror a un posible levantamiento colectivo por la orden tan arbitraria, sino para así poner en evidencia su malestar ante el gobierno de turno.

A pesar de la actitud obstruccionista del caudillo llanero, se llevaba a cabo el alistamiento exigido en Bogotá, alistamiento que desembocaría en un decepcionante resultado: ni mil ciudadanos -pese a los reiterados llamados hechos por Páez- llegaron a engrosar el ejército.

Debido a la indiferencia de la colectividad, el asunto se le iba de las manos al antiguo Centauro de los Llanos.

El forzamiento de casas, asaltos, homicidios y violaciones se ejecutaban ante la mirada fría de Páez, que se decía estaba entretenido “en lo juegos de los gallos”.

Al Concejo Municipal de Caracas llegaban informaciones de crímenes en la “leva”, hecho que, sería un detonante para una imputación que prosperaría prontamente.

Llegaba a Bogotá el expediente sobre los abusos de Páez. Santander sacaba partido de la crisis venezolana.

Páez era relevado de su puesto, siendo citado seguidamente a Bogotá para afrontar un juicio, por votación del Senado.

Era ,de este modo, como Páez le cedía el mando al general Juan de Escalona. Pero dicha decisión encontró una contrariedad.

Debido a la presencia de Miguel Peña,  entre otros, ahora asesor del comandante general del Departamento de Venezuela, es que Páez tendría una actitud distinta contra la autoridad residenciada en Bogotá. En líneas gruesas, pudo Miguel Peña convencer a Páez que comparecer ante el vicepresidente neogranadino sería su fin.

Ante esta situación, el Libertador llegaba del Perú. A principios de 1827 el “hombre de las dificultades” se reunía en Venezuela con Páez para ratificar la unidad.

Simón Bolívar le confería una amnistía general y ascendía como jefe civil y militar del Departamento de Venezuela a José Antonio Páez.

Con La cosiata se graduaba Páez como político diestro. La oligarquía civil pactaba con el estamento militar y se aprovechaba del liderazgo de Páez para eliminar el poder de Simón Bolívar, apresurando así la desmembración grancolombiana.



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