2 marzo, 2024

Corrupción y crisis – Últimas Noticias

Corrupción y crisis - Últimas Noticias


La corrupción es resbaladiza, pareciera estar cubierta de una capa de grasa que dificulta el agarre y que suscita asco. Es oportunista. Las personas corruptas siempre prefieren ascender por los partidos que tienen más posibilidades de victoria.

Las crisis, marcadas por la reducción de recursos, producen brotes de corrupción y, a la vez, pueden generar una revalorización del espíritu de comunidad.

En nuestra situación, está en primer plano el robo de dinero y empresas de todos los venezolanos, unida a la actitud vergonzosa de los que imploran a Estados Unidos que les ceda unas migajas del botín. Es un robo que se realiza argumentando una empatía que no existe y la supuesta amistad entre los ladrones.

Al tratar de comprender esta situación, he quedado prendado de la frase “la amistad sólo se da entre los buenos”. Sentencia sencilla con un enunciado ético certero. La amistad no puede existir en pillos y corruptos. Allí sólo puede haber precaria complicidad delictiva.

Lo dicen los filósofos estoicos, 300 años antes de Cristo. Está en el libro Éticas de crisis: cinismo, epicureísmo, estoicismo, del mexicano Josu Landa. Ensayo que estudia las escuelas filosóficas que hicieron frente a las crisis surgidas durante la decadencia de la Grecia Clásica.

Sostiene que las crisis del mundo de hoy son “… un proceso de deterioro, vencimiento, desgaste, descomposición y desintegración de un orden social, político, moral y cultural”.

Esa descomposición nos hiere. No sorprende que personas electas o nombradas para cargos públicos cometan corrupción, pero debe sorprendernos. No se puede asumir como natural y no es sano pensar que todo el mundo es corrupto. A veces es muy corrupto el discurso anticorrupción. Puede ser justificación del comportamiento propio.

La corrupción nunca es ingenua. Todos sabemos cuándo se hace algo que está mal. Las cenas a que invitan los proveedores, las comisiones que ofrecen o los “regalos”, son gastos sumados a la factura que pagará el Estado.

La lectura del libro de Landa ha reafirmado en mí la necesidad de contribuir a una cultura que promueva y defienda los valores del buen vivir.

Como dice el autor, “las antiguas éticas de crisis demostraron su efectividad durante siglos. Hicieron patente que el ser humano puede mantenerse libre, así como armonizar su existencia con la de la comunidad y con la naturaleza, viviendo con rectitud, aun en las situaciones más horrendas”.



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