20 junio, 2024

‘Bird’, el vitalista drama social de Andrea Arnold que sorprende con un toque fantástico

'Bird', el vitalista drama social de Andrea Arnold que sorprende con un toque fantástico


La cineasta británica Andrea Arnold, siempre interesada en esas historias de los suburbios, de la Inglaterra profunda, de tremendos bloques de hormigón con diminutos ventanucos a modo colmena que anulan la personalidad y representan la decadencia de un sistema de profundas desigualdades, de explanadas vacías y descampados y de personajes pintorescos con vidas que normalmente pasan desapercibidas, con ‘Bird‘ firma de nuevo el retrato del extrarradio.

En una filmografía diversa de creciente interés, tres años después de su laureado documental ‘Cow’, que mostraba la vida a través de la mirada de una vaca y su recién nacido ternerito, Arnold regresa al Festival de Cannes a competición en Sección Oficial con una ficción de mayor envergadura, protagonizada de forma verdaderamente carismática por el triángulo formado por Barry Keoghan, Franz Rogowski y la explosiva Nykiya Adams, en su primerísima interpretación cinematográfica.

Bird
Bird

Un elenco potentísimo en una historia absolutamente trágica, enfocada desde un punto de vista completamente vitalista y poderoso y, en el fondo, hermosísimo. Rodeada por dos referentes masculinos contrapuestos, con sus perspectivas y sus circunstancias, con aproximaciones diferentes frente a las dificultades y la dureza de su entorno, que los han convertido en diferentes tipos de supervivientes, a sus escasos 12 años Bailey aprende a hacer frente a una cotidianidad implacable que amenaza con marcar su personalidad del futuro.

Protagonista indiscutible de una historia de supervivencia, pero también de celebración de la vida, esa niña de referentes paternos igualmente adolescentes que a su vez también encontraron su camino simplemente andándolo, se abre paso en su descubrimiento del crecimiento, agarrándose a cuantos asideros encuentra a su paso en un ambiente hostil, pero no falto de belleza.

Inmensos protagonistas y rasgos autorales 

Bug (Barry Keoghan) anuncia a su hija Bailey (Nykiya Adams) que en menos de una semana se va a casar con su actual pareja, con la que vive en una casa ocupada de un barrio en el que quien más quién menos se gana la vida con cualquier truco a su alcance.

Cubierto de tatuajes, Bug recorre el barrio en patinete eléctrico, altavoz a tope y varios hijos de distintas madres de paquete, ocupado con sus peculiares preocupaciones y su particular sentido de las prioridades, que no deja mucho tiempo para su hija, a la que sin embargo quiere con locura.

Entre dramas y acontecimientos de todo tipo, que reclaman la atención constante de Baily en una emergencia detrás de otra, la niña tiene un encuentro con un personaje extraño surgido de la nada y que habita los tejados en una observación tranquila del entorno. ‘Bird’, inmenso Franz Rogowski, se convierte en guía de paso en esa transición de un momento esencial en el crecimiento de Bailey y modelo para su supervivencia.

Una película social sin lamentaciones, que encierra momentos ciertamente tiernos en su apreciación de las pequeñas cosas, y que deja entrever la autoría formal verdaderamente reconocible de la mirada de la galardonada Andrea Arnold, que por primera vez introduce un cierto elemento fantástico que aligera el tránsito por esa vida desfavorecida.

En un compendio de primeros planos de naturaleza viva, que funcionan como alivio dramático de una historia terrible y que realzan, a pesar de todo, la belleza del mundo, la cineasta añade ese cierto punto esperanzador, como ya hiciera en otros de sus trabajos anteriores. Una espiga al son del viento, el atardecer dorado que baña los campos de flores o el detalle de una abeja intentando escapar tras un cristal, también tienen cabida en una historia de perros en condiciones precarias.

La cuestión del análisis de uno mismo a través de la observación de los otros, característica por ejemplo de su ópera prima, ‘Red Road’, se mantiene presente en el nuevo largometraje de Arnold, que recoge la mirada inocente de Bailey a través del objetivo de la cámara de su móvil con la que graba la memoria de todo lo destacado en su vida. En un vistazo rápido a su carrete, los recuerdos revelan todo tipo de pájaros al vuelo, rostros, gestos, sonrisas y momentos felices, la más divertida de las escenas de baile de este festival, pero también los más brutales agresiones y abusos.

‘Bird’ captura en su visionado y resuena con el paso del tiempo. Una sólida continuación en la filmografía de Andrea Arnold, que aspira a palmarés, y deja personajes memorables que auguran una carrera brillante para su elenco protagonista.

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